Un héroe llega a la posada
Aquella no era una buena noche, sin duda. En el cielo, unas oscuras nubes de tormenta cubrían el sol. La temperatura era baja y había mucha humedad en el ambiente.
Sin embargo, en el parque, un gran número de niños jugaban entre los árboles al escondite, sin preocuparse por la lluvia que empapaba sus ropas, y los adultos los vigilaban desde la otra punta de la calle, en la taberna del pueblo, con una buena cerveza en la mano y sonriendo porque era día festivo. Los ancianos jugaban a las cartas, los jóvenes se emborrachaban... Aquella era una mala noche convertida en buena noche, sin duda.
La taberna estaba llena cuando él entró, encapuchado bajo una larga capa verde. Tenía las botas embarradas y un brillo de resolución en sus ojos. Un fleco de pelo rubio le cayó sobre la frente cuando se dirigió a la barra y arrojó unas monedas sobre la superfície.
─¿Podría darme una pata de pollo y una copa de vino, señora? ─preguntó con una ancha sonrisa.
─Claro, señor ─dijo la posadera mientras le daba una jarra de cerveza a otro cliente─. Siéntese en aquella mesa de allí y mi esposo en seguida le atenderá. ¡Hoy estamos realmente ocupados!
El chico se dirigió a la mesa que le habían dicho y se despojó de su capa. Sus largos cabellos rubios le cayeron sobre la frente cuando se quitó la capucha y se los ordenó detrás de aquellas orejas puntiagudas típicas de los elfos. Sonrió y se sentó en una de las dos sillas que había alrededor de la mesa, colocando su espada a su lado.
Pasó un buen rato antes de que le sirvieran un plato con una generosa porción de asado y una copa de vino.
─¡Gracias! ─dijo el elfo con una sonrisa mientras miraba la carne babeando.
─De nada ─rió el camarero por la expresión de su cliente.
El elfo comió aquella porción de carne a una velocidad impresionante y se estiró sobre su silla agarrándose el estómago en una expresión de satisfacción. Un enano lo observaba desde la otra punta de la sala mientras bebía de su jarra de cerveza.
De repente, un hombre se levantó. Tenía un instrumento musical en una mano y claramente había bebido demasiado. Sus dedos se movieron entre las cuerdas y su voz grave se elevó en una melodía conocida por la mayoría, y los que no la sabían, supieron adaptarse y así todos la cantaron. El elfo cantó y golpeó con su puño en la mesa mientras reía y cantaba. Sólo uno no cantó, el enano que estaba sentado en una mesa al fondo de la taberna, oculto por las sombras.
Pasó un rato y muchos se marcharon. El camarero se acercó al elfo y le preguntó:
─¿El señor pasará la noche aquí?
─Sí, claro ─respondió el rubio dándole unas monedas de oro─. Partiré mañana por la mañana.
─Como quiera ─dijo el tabernero.
El elfo subió las escaleras que conducían al piso de arriba y se acostó para dormir.
El día siguiente amaneció más benévolo que el anterior y el elfo fué al establodonde ensilló su caballo. Allí también estaba el enano, un enano especial. Era extremadamente alto, tanto, que podía montar a caballo. Tenía el pelo negro recogido en una cola y la barba espesa típica de su raza, le cubría la cara. Sus ojos negros brillaban como brasas candentes y llevaba una cadena en el cuello.
─¿Hacia dónde te diriges? ─preguntó el enano mientras ataba su silla de montar al cuerpo de su montura.
─Hacia el norte, a los puertos enanos ─contestó el elfo─. Voy al Valle del Cuerno.
─Ese valle está poblado por el gran dragón Sladius ─apuntó el enano mirando al rubio a los ojos─. Lo sabes, ¿verdad?
─¡Claro! ─respondió el elfo con una sonrisa mientras ataba una correa─ ¡Quiero conseguir el Tesoro del Dragón!
─Creo que debe ser cosa del destino ─dijo el enano retornándole la sonrisa─. Yo voy al mismo sitio.
─¿Y por qué vas allí? ─preguntó Lem, curioso.
─Allí está la gran runa enana ─contestó el enano girándose hacia el elfo─. Nadie la ha conseguido descifrar hasta ahora. Me gustaría lograrlo.
─Entonces ─dijo el elfo─ ¿quieres formar parte de mi Compañía?
─Supongo que ya que tenemos el mismo camino, podríamos unir fuerzas.
─¡Yo soy Lem! ─exclamó el elfo tendiéndole la mano.
─Mi nombre es Édgamer, pero puedes llamarme ¡EDD EL DESTROZA-CRÁNEOS! ─dijo el enano encajando y enseñéndole todos los dientes en un ancha sonrisa.


No hay comentarios:
Publicar un comentario