Planes de batalla
─Rescatamos a Edd y matamos a todos los bandidos─respondió Lémoilas.
─Eso no será tan fácil ─dijo Partonio─. He estado ahí dentro y sé como es aquello.
─Cuéntanos ─le instó Eliawain.
Partonio cogió su vara y dibujó un plano tosco del campamento.
─La mayoría de soldados están en este zona ─dijo tocando la parte que correspondría al norte─. Nosotros estamos aquí, en el sudeste.
─Entonces será fácil entrar ─sonrió Lem.
─No lo creo ─replicó Partonio─. En cada entrada a la empalizada hay un guárdia con un cuerno, y lo hace sonar si ve algún intruso.
─Ese es el que ha matado Cristán, ¿no? ─preguntó Lémoilas.
─Creo que sí ─respondió Eliawain con cautela.
─Entonces sólo tenemos que matar a esos tíos y ya está ─afirmó el elfo.
─Es más complicado ─negó Partonio─. Reshbak, el líder de los bandidos, está buscando a los Hijos de la Luna que hay en estas tierras. Yo los conozco y por eso me mantenía con vida, para ver si consigue atraerlos.
─¿Qué son los Hijos de... bueno de eso? ─preguntó Lémoilas.
─Son las hadas ─respondió Eliawain─. ¿Y por qué quiere capturarlos?
─Por qué conocen el lugar donde duerme el bosque ─dijo Partonio sin mueca alguna de sonrisa─. Hace centúrias, los humanos llegaron por primera vez a este lugar. Las hadas les dieron la bienvenida con fiestas y alegría pero el caudillo humano, que se llamaba Thaus, pidió a los suyos las cabezas de todo ser mágico que encontraran. La raza de los Hijos de la Luna se vió mermada en pocos días y se vieron envueltos en la desesperación. Para defenderse, los Hijos invocaron al poder del bosque y este les respondió transformando a Thaus en un enorme monstruo sin mente. Thaus mató a tres cuartas partes de sus hombres en una sola noche y se marchó al bosque, con las hadas. Estos lo durmieron con un hechizo y desde entonces descansa. Poco después, los humanos y los Hijos de la Luna firmaron un amnistício que les dió la paz, pero Thaus sigue dormido en algún lugar de este bosque.
─¿Reshbak quiere despertarlo? ─preguntó Eliawain aterrorizado.
─Él cree que puede controlarlo ─replicó el ermitaño.
─En ese caso, le enseñaremos lo que quiere decir la palabra no ─sonrió Lem aferrando el pomo de su espada.
─Seguimos sin saber como entrar, Moi ─apuntó Eliawain.
─Yo sí se como entrar ─sonrió Partonio.
Lem y Eliawain lo miraron con asombro.
─Fijaos en el centro del campamento ─dijo Partonio. Los dos miraron y vieron que el campamento se había erigido sobre un montón de ruinas─. Esas ruinas son llamadas las ruinas de Taledonia. Se adentran en la tierra en varios pisos y en la colina del norte hay una entrada a esos pasillos subterráneos.
─¿Pues a qué esperamos? ─dijo Lem─. Vamos a por ellos.
─Espera ─dijo Eliawain─. ¿Qué ha sido ese grito?
En la entrada sur del campamento, había un hombre, que agarraba a Edd por el pelo y mantenía un cuchillo cerca de las costillas del enano.
─¡Escúchame, ladrón! ─gritó el individuo y los tres se agacharon para acercarse más.
─Ese es Reshbak ─dijo Partonio.
─¡Al anochecer decapitaré a este enano! ─bramó el bandido─ ¡A no ser que te rindas y me entregues lo que es mío!
─Maldita sea ─dijo el elfo entre dientes.
─¡No es un farol! ─gritó Reshbak─ ¡Te esperaré en la puerta oeste para que me traigas al ermitaño! ¡Y no intentes nada, porque lo mataré, lo juro!
El bandido entró de nuevo dentro de la empalizada y tanto Eliawain como Lem miraron a Partonio.
─¿Cuál era tu plan? ─preguntó Lem rompiendo el hielo.
─Ir hasta allí y quemar sus tiendas ─respondió Partonio cohibido por sus miradas.
─Entonces habrá un pequeño cambio de planes ─sonrió Lem.
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