Capítulo 27

Asuntos y asuntos



El concierto duró toda la noche en una progresión ascendente, cada vez más intensa, hasta que al final la cantante sonrió y se despidió de todos. Bajó del escenario y se perdió entre la multitud. 
一Vaya, era buena 一sonrió Cristán. 
一Sí, jamás había escuchado una música tan dulce 一aseguró Eliawain. 
一Eso es porque no me habéis oído tocar el violín 一afirmó Edd一. Soy el mejor del mundo. 
一Entonces algún día deberás tocar para nosotros 一sonrió afablemente Lem. 
一Por supuesto 一dijo el enano, ufano, mientras le retornaba la sonrisa al adalil. 
Lémoilas miró su copa medio llena y reflexionó sobre la primera canción de la noche. ¿Realmente, qué haría con su vida después de derrotar a Sladius? En las gestas nunca hablaban de lo que sucedía después de vencer al enemigo principal...
Un grito lo sacó de sus pensamientos. En la mesa de juego, el hombre pelirrojo se había levantado. El jugador, que parecía iracundo, golpeó la mesa con el puño. En su cinto, la cimitarra se zarandeó levemente. 
一¡MALDITO ESTAFADOR! 一gritó totalmente alterado. Frente a él, el joven que vestía de oscuro se mantenía totalmente inclinado sobre la mesa, con una leve sonrisa en sus labios. Los otros dos hombres estaban tensos y ponían mala cara一¡HAS HECHO TRAMPAS!
一¿Estás acusándome de mentiroso, Walder? 一dijo el otro tahúr, con una voz tan calmada y gélida como el acero templado. 
一¡POR SUPUESTO, MALDITO MOCOSO! 一bramó el jugador. 
El joven hechó la silla hacia atrás con tal ímpetu que el mueble se estrelló contra la pared con un fuerte crujido. CRAACK. Entonces en un santiamén, se levantó y con las manos en los bolsillos miró a los ojos del otro, a menos de cinco centímetros, en actitud desafiante.
一No he hecho trampas 一afirmó totalmente calmado一. Te he ganado. 
一¡TE VOY A ROMPER ESA CARA DE MIERDA QUE TIENES! 一rugió el musculoso hombre, echando hacia atrás el puño.
一¡Alto, alto, alto! 一dijo la posadera, que apareció en ese preciso momento一. No quiero problemas en mi taberna. Podrick, llevate a tus hombres. 
一Como quieras, Julian 一respondió el hombre rubio, levantándose también一. Vámonos, Walder. No merece la pena. 
一Maldito cobarde 一gruñó aquel tipo一. Tienes suerte. 
一Dadme lo que me debéis 一dijo el joven tahúr. 
一¿¡QUE TE DEMOS LO QUE...!? 一bramó el pelirrojo.
一¡Walder! 一ordenó el tal Podrick con vehemencia. 
一Ven fuera si tienes el suficiente coraje como para reclamar 一escupió el calvo, mientras se levantaba y salía fuera. 
一Como queráis 一contestó el joven mientras cogía su capa y se la ponía sobre los hombros. Sus botas resonaron en el suelo de madera de la taberna cuando salió de la taberna. Lémoilas iba a volverse hacia sus compañeros de nuevo cuando algo captó su atención en la puerta. La cantante estaba abriendo la puerta y lucía preocupada. Bajo la capucha marrón de su capa, Lémoilas vió el brillo de la duda hasta que salió a toda prisa de la sala sin mirar una sola vez hacia atrás. Quizás por eso no vió que los otros músicos la seguían. Lémoilas entrecerró los ojos, extrañado. Algo pasaba allí, algo que no le cuadraba. Entonces, entre la ropa del bajo, vio el inconfundible brillo del acero y se acabó de decidir a actuar.
一En seguida vuelvo 一dijo a sus compañeros mientras se levantaba, cogiendo su abrigo. 
一Vuelve rápido o nos acabaremos la cerveza 一rió Edd. 
Lémoilas sonrió y salió por la puerta. 
***
Páragul había salido fuera de la taberna a grandes zancadas. Frente a él estaban Walder, Podrick y Zane, los otros tres jugadores de cartas. Sus ojos cruzaron la calle, con aquel brillo calculador tan própio en él. Las gotas de lluvia caían como balas sobre los adoquines y pronto el tahúr vió que estaba empapado. Se apartó aquel mechón mojado de la frente y miró a los otros. 
一Me debéis información 一afirmó con voz serena. 
一¿Información? 一rió Podrick, risueño一 Creo que lo que te debemos es una paliza, por tramposo. 
一Un trato es un trato, Podrick一dijo calmado Páragul, mientras entrecerraba los ojos, evaluando la situación一. Si os vencía me teníais que decir todo lo que sabéis sobre Grench. 
一¿Eso era? 一sonrió el otro hombre一 Me parece que no. 
一Conozco vuestro código 一apeló el de negro一. Será mejor que me lo digáis o saldréis perjudicados. 
一Mira, mocoso 一se avanzó Walder一. No eres un miembro de los bajos fondos, solo eres un puto extranjero que no sabe nada de nuestra ciudad, y sólo alguien como nosotros puede atenir al código. 
一Sé algunas cosas 一replicó Páragul, impasible. 
一Esta es nuestra ciudad, imbécil 一bramó el pelirrojo, mientras cogía por el cuello del jubón a su rival de los dados一. Será mejor que te calles o acabarás muerto.
一Será mejor que seas tú quuién cierre el pico o acabarás tragándote tus dientes 一afirmó el de negro con un brillo peligroso en el fondo de su retina. 
El otro lo soltó, sorprendido por las palabras del joven. 
一¿Es una amenaza? 一preguntó. 
一No 一negó Páragul一. Es un hecho. 
一Ya veo 一rió el pelirrojo y se giró hacia sus compañeros con una carcajada en la boca一. Tiene huevos, el enano este. 
Entonces se giró y tomó al chico por los hombros, descargando un brutal cabezazo sobre él. Sin embargo, no fue Páragul el que retrocedió gritando, sinó Walder, con la nariz destrozada sangrando abundantemente. Al dar el cabezazo, el de negro había acercado su barbilla al cuello, de forma que toda la fuerza que pensaba dar al chico con la frente a la nariz acabó por recibirla en sentido inverso.
一¡MALDITO MOCOSO CABRÓN! 一bramó Walder, tratando de parar la hemorrágia.
一Así que será eso, ¿eh? 一dijo Podrick con el ceño fruncido y separando los brazos, hasta ahora cruzados一. Luego no digas que no te lo advertimos, Páragul.
一No tenéis porque meteros 一dijo Páragul, mirando a Podrick y a Thane mientras el pelirrojo se levantaba一. Walder y yo sólo vamos a resolver nuestras diferencias. 
一Pero nosotros vamos con él 一dijo Zane con aquella voz rasposa suya. 
一Como queráis 一suspiró el joven. 
Entonces, con la mano izquierda se quitó el broche que ataba su capa, cayendo esta al suelo mojado. Miró a Walder. Los músculos hinchados de sus brazos evidenciaban que sería un enemigo peligroso. Su mirada saltó sobre Podrick. Seguramente era el mejor guerrero de los tres, y el más astuto. No era una opción atacarle el primero. Entonces evaluó al calvo Zane. Parecía el eslabón débil. Sí, debía empezar por él. 
Páragul sonrió y se dispuso a atacar, pero Walder se le avanzó, con grandes zancadas y trató de propinarle un poderoso golpe con la diestra. Páragul a penas pudo esquivarlo. Entonces un golpe con la izquierda se dirigió hacia su costado. El joven lo desvió casi cuando tocaba su piel. Otro golpe dirigido hacia él lo hizo retroceder, esquivándolo casi en el último instante. Sin embargo su oponente era demasiado previsible y Páragul logró ver venir el cuarto ataque con facilidad, de manera que levantó su mano derecha, enguantada y detuvo el golpe, sin evidenciar esfuerzo alguno. Walder lo miró desconcertado y el tahúr sonrió. Aquel golpe habría derribado a cualquier hombre normal, pero él no era un hombre normal. Su mano se cerró sobre el puño del pelirrojo y empezó a apretar. El musculoso hombre trató de golpearlo con la otra mano pero Páragul la detuvo agarrándola porla muñeca.
Walder se puso rojo de ira, pero poco a poco su semblante se tornó pálido, a causa del dolor que la abrumadora fuerza que su contrincante ejercía sobre su puño. Sin embargo, la mano de Páragul continuó cerniéndose sobre la del pelirrojo, sin detenerse y augmentando progresivamente en su esfuerzo. Un chasquido resonó en toda la calle y Walder ahogó un grito, cayendo de rodillas. Otro chasquido. Walder, de rodillas apretó los dientes y Páragul soltó su muñeca, de forma que el pelirrojo se agarró con fiereza a la muñeca derecha del tahúr, que no pareció inmutarse. Otro chasquido. El hombre soltó un grito y Páragul lo soltó. La mano izquierda de Walder cayó inerte contra el suelo, con todos los huesos quebrados y el pelirrojo jadeó, confuso. 
一¿Qué eres? 一logró preguntar al fin. 
一Alguien que no debe ser molestado 一respondió el de negro, con una severa mirada. 
Frente a él, los dos compañeros de Walder desenvainaron el hacha y el cuchillo que portaban y se acercaron lentamente hacia Páragul. 
En ese momento, la puerta de la taberna se abrió con un estruendo. 
一¿Ryn? 一preguntó Páragul incrédulo一 ¿Qué haces aquí? 
一Salvarte el culo, como siempre 一replicó la cantante desde la puerta, levantando los brazos y dejándolos caer hacia los lados. 
一¿Pero qué dices? 一se quejó él.
一No sé, pareces en problemas ¿o qué? 一le respondió la elfa señalando a los tres hombres que los miraban atónitos y con las armas desenvainadas. 
一¡Estaba todo bajo control! 一exclamó Páragul. 
一Más quisieras 一suspiró ella avanzando hacia él一. Suerte que he venido por aquí. 
Páragul puso los ojos en blanco pero no dijo nada y se limitó a esperar a que ella se acercase. 
一Vaya, vaya 一dijo otra voz en la puerta. Qué oportunidad...
La elfa miró hacia allí. Por supuesto que sabía de quién era la voz, pero no lograba entender qué hacía ahí en ese momento. Loth, su contrabajo, salió de la taberna con una sonrisa ufana. Detrás de él, Marie, la violinista y Fossah, el percusionista. La última era aquella anciana de la que Ryn tanto desconfiaba. Se apoyaba en el bastón y parecía contenta. 
一Cassandra... 一murmuró Ryn. 
一No te lo tomes tan a pecho, querida 一sonrió la vieja一. Sólo es una cuestión de intereses. 
一Eres demasiado buena para pertenecer a nuestra compañía 一dijo Loth一. Nos eclipsas, los espectadores solo tienen ojos para ti. 
一¡Cállate Loth! 一ordenó Cassandra golpeando con el bastón el suelo一. Estoy hablando yo. Eres demasiado buena para estar con nosotros, pero no podemos echarte porque solo nos harías la competencia. Por eso hemos decidido que debes morir. 
Ryn miró a los cuatro músicos. Cassandra sonrió y los otros tres desenvainaron pequeñas pero amenazantes dagas y se acercaron lentamente a Ryn y a Páragul. 
一¿En serio has venido a salvarme? 一preguntó Páragul con una carcajada irónica. 
一Vete al infierno 一increpó la elfa. 
一Tú, mercenario 一dijo la anciana avanzando hacia los tres jugadores de dados一. Nosotros nos ocupamos de la chica. Vosotros matad a su nóvio.
一Supongo que salimos todos beneficiados 一dijo Podrick con una sonrisa.
一No será tan fácil 一gruñó Páragul cerrando sus puños y colocándose en posición de batalla, con la espalda pegada a la de Ryn. Ella miró a sus antiguos compañeros y se colocó, lista para pelear.
一¿Fossah? 一preguntó la cantante.
一Lo siento 一se excusó el percusionista, pero tienen razón.
一Marie, siempre me caíste bien... 一susurró Ryn, apenada.
一Claro, porque me pisoteabas 一gritó la muchacha con una sonrisa maníaca一. Pero es hora de que yo triunfe y para eso tú debes morir. 
一¿Sabes? Coincido en ti en una cosa 一dijo una nueva voz desde la puerta de la taberna. 
Lémoilas estaba apoyado en el portal comiendo una tableta de chocolate y miraba a los nueve con una sonrisa de dientes manchados de oscuro. 
一Ella es mejor música que tú 一afirmó mientras tragaba一. En el resto de lo que habéis dicho... no estoy tan de acuerdo. 
一¿Otro elfo? 一rezongó Walder. 
一¿Cuánto llevas ahí? 一preguntó Ryn. 
一Mmmmmm... 一pensó el elfo一 No lo sé. Un rato. 
一...
一Vale, vale, no me miréis así 一rió el elfo dirigiéndose a todos, que efectivamente lo miraban escépticos. Entonces, se incorporó y súbitamente su semblante se volvió tremendamente serio一. Llevo el suficiente rato para saber lo que pretendéis, músicos. Y no está demasiado bien. 
一Tú no tienes nada que hacer con este asunto 一dijo Cassandra一. Lárgate o también morirás. 
一Tengo mucho que ver con esto, abuela 一dijo el elfo mientras se acababa la chocolatina一. No voy a permitir ninguna injustícia. 
一¿¡Cómo te atreves a llamarme vieja!? 一chilló la anciana. 
一Eso no importa 一dijo Lem avanzando con una sonrisa confiada, porque dentro de poco estaréis derrotados...

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