La ciudad de estrellas
Las pezuñas de Ainur, pisaron el césped del suelo, detrás de Galahad. Lémoilas acarició la crin blanca de Ainur, desde la silla de montar, y le dijo unas palabras al oído. Eliawain tocó los flancos de Galahad con las espuelas y el rocín gris se adelantó hacia un montículo cercano. Ainur lo siguió de cerca.
一Esa debe ser la ciudad de estrellas 一dijo el mago.
Al otro lado de una pradera, se veían las luces amarillentas y parpadeantes de una ciudad.
一¿La ciudad de estrellas? 一preguntó el elfo arqueando una ceja.
一Sí 一respondió Eliawain tirando las riendas para tranquilizar a Galahad一. La ciudad se llama Citadella, pero se dice que la erigieron sobre una estrella caída y desde entonces la llaman la ciudad de las estrellas.
一No es solo por eso 一dijo Edd. Su corcel pardo Adewalë, avanzó regio hacia ellos一. De Citadella han salido muchos grandes artistas.
一Como sea, cierran las puertas al anochecer 一concluyó Eliawain.
一Muy bien 一respondió Lem y dirigió a Ainur hacia los otros dos miembros de la Compañía一. Será mejor que paremos aquí.
一Prepararé la cena 一dijo Cristán mientras bajaba de la silla de montar de Ogôl.
一Yo me ocupo de los caballos 一dijo Edd y los llevo hacia un enorme tronco, donde los ató.
一Buscadme leña 一pidió Cristán mientras despellejaba una de las cinco codornices que había cazado aquella mañana.
一¡Voy! 一dijo Eliawain y se internó en el follaje, buscando ramas rotas.
一¿Cómo van tus heridas, Lem? 一preguntó Cristán mientras continuaba su labor.
一Ya están casi curadas 一respondió Lémoilas一 y no han dejado a penas marca.
一Eso está genial 一sonrió el cocinero.
一Lo que si que está genial es esta diábetes en palo 一dijo Partonio, mientras chupaba aquella delícia de azucar.
一¿Cuántas te has tomado ya? 一preguntó Lem alarmado.
一Si me parara a contarlas me quedaría tonto 一rió el ermitaño.
一¿No será que ya lo eres? 一suspiró Edd一. Y pensar que yo lo tomaba como un tipo inteligente...
一¡Ya traigo la leña! 一dijo Eliawain cargando un gran fardo de madera seca.
一¡Joder! 一exclamó el enano一 ¡Ese montón mide más de dos Eliawains!
一Ñañañaña 一refunfuñó el mago y descargó la leña delante de Cristán一. Ahí tienes.
Cristán miró el fardo y separó unas pocas ramas. Entonces rodeó la madera que había separado con pequeñas piedras y cubrió la leña de hojarasca. Exhaló una bocanada de humo y dejó caer sobre la madera seca el cigarrillo, contagiándola en seguida del fuego. Entonces preparó las codornices y empezó a asarlas.
一¿Alguna vez habéis tenido novia? 一preguntó de repente Edd, tumbado y mirando las estrellas.
一¿Novia? 一preguntó Partonio, estirado con la espalda apoyada en una roca一 ¿Qué es eso?
一Joder tío 一rió Lem, que se mantenía sentado con las piernas cruzadas一. Alguna he tenido, ¿por qué?
一Porque estaba acordándome de la mía 一respondió el enano incorporándose一. Me la dejé en los Puertos.
一Vaya 一suspiró Lem.
一¿Y cómo es ella? 一preguntó Eliawain, curioso desde su asiento en el tocón.
一Ella es... 一empezó Edd一. Es... No encuentro maneras de definirla. Ella es simplemente ella. Mi ex no es nada comparada con ella.
一¡Hala! 一exclamó Lem一 No eres muy amable con tu ex, ¿eh?
一Es que es mala gente 一resopló el enano.
一¿Que es lo peor que le has hecho? 一preguntó Partonio con curiosidad.
一Una vez le mandé cartas haciéndome pasar por un admirador: Partonio Amorós 一rió el enano.
一Joder que mala gente 一dijo Lem con una carcajada.
一¿De qué me suena ese nombre? 一hizo el ermitaño mientras se acariciaba la barba, pensativo.
一¡A qué tu te llamas igual! 一exclamó Eliawain.
一Ah, es verdad 一sonrió Partonio, provocando las risas de todos.
一¿De qué me suena ese nombre? 一hizo el ermitaño mientras se acariciaba la barba, pensativo.
一¡A qué tu te llamas igual! 一exclamó Eliawain.
一Ah, es verdad 一sonrió Partonio, provocando las risas de todos.
一¿Y vosotros? 一preguntó Edd.
一Yo no he tenido novia 一dijo Eliawain encogiéndose de hombros.
一Yo pienso que la venganza está mal 一aseguró Cristán.
一A mí no me caen mal mis ex 一reflexionó Lem con un sonrisa.
一Yo una vez me lavé la mano 一dijo con una sonrisa Partonio.
Entonces, todos se giraron hacia el ermitaño, que seguía sonriendo y se echaron a reír de nuevo.
一Lem, se nos están acabando las provisiones 一dijo Cristán revisando en su inventario.
一En la siguiente ciudad podremos parar 一aseguró Eliawain mordisqueando una de las patas de la codorniz一. Allí creo que si que tendrán un carro.
一¡Pues está decidido! 一afirmó Lémoilas arrojando
Las aves asadas resultaron en un plato exquisito, aromatizadas con romero y tomillo, y todos sin excepción se acostaron satisfechos.
Al día siguiente, la Compañía llegó a la ciudad. Citadella era una población grande de piedra y acero. Estaba rodeada por un gran muro de piedra, sobre el que podían galopar tres jinetes en fila, de cinco varas de alto. Esta muralla maciza rodeaba la ciudad en una forma estrellada, con puestos de guárdia en cada vértice, de forma que des de cualquier vértice, se dominaban otros dos.
Las defensas en las puertas, tampoco se quedaban cortas. Un poderoso rastrillo se erguía sobre el inmenso arco de cuatro varas de alto que cerraba la empalizada. Y, si aún así conseguían pasar aquel rastrillo que tenía barrotes tan gruesos como el brazo de Lem, unas puertas de roble cerraban la entrada. Además, sobre la entrada había una serie de saeteras desde las que se podía disparar al asaltante con facilidad o verter aceite hirviendo.
Los cinco jinetes se acercaron a la puerta, donde dos hombres montaban guardia, con armaduras muy diferentes y armas distintas.
一¡Alto! 一dijo el de la derecha, y la Compañía paró一. ¿Qué asunto os trae a Citadella?
一Venimos para buscar provisiones 一dijo Lémoilas一. Vamos hacia el norte, hacia los puertos enanos.
一¿Y vuestro Notorio? 一preguntó el de la izquierda, con una sonrisa.
Lémoilas miró a Edd, que se encogió de hombros.
一¿Qué es un Notorio? 一preguntó el elfo, desconcertado.
一Oh, dioses 一dijo el de la derecha volteándose hacia su compañero一. Llama a Ficus.
El otro asintió con un golpe seco de cabeza y desapareció dentro de las murallas.
一Un Notorio es vuestra seña de identidad, sin él no podéis entrar 一dijo el guardia mientras esperaban a que regresara el otro hombre.
一¿Y cómo nos lo hacemos? 一preguntó Edd.
一Ahora cuando venga Ficus lo veréis 一respondió el guardia一. Él es nuestro Anotario.
Lémoilas bajó de la grupa de Ainur y le acarició el lomo blanco con la mano. Una gota de lluvia cayó sobre la nariz del elfo, que levantó la mirada hacia el cielo.
一Va a llover 一dijo Cristán, con la capucha calada hasta las cejas.
一Eso parece 一gruñó Edd.
一En mis tierras siempre es buen tiempo 一replicó Partonio.
一¿Tus tierras? 一preguntó Eliawain arqueando una ceja.
一Claro 一aseguró Partonio, con ironía一, ¿acaso no has visto que mi linaje es noble puro?
一Ya viene 一los cortó el guarda.
Al otro lado de la arcada, apareció el guardia. Detrás de él andaba un hombre menudo, con un sombrero marrón sin ala en la cabeza y un largo bigote acabado en puntas espiraladas.
一Señor Ficus, estos extranjeros no tienen Notorio 一dijo el guardia que se había quedado esperando.
一Está bien 一dijo el hombre mientras sacaba un fajo de papiros de dentro de su gabardina y se sentaba en la silla de los guardias, apoyándose en la mesa en la que anotaban las mercancías一. ¿Y bien? ¿Cuál es el motivo de su visita?
一Somos mercenarios respondió Lémoilas一. Venimos de paso y a por provisiones y nos iremos.
一Está bien 一dijo el escribano mientras anotaba en uno de los papeles一. Son cinco, ¿no? 一Lémoilas asintió一. ¿Y quién es el adalil?
一¿Qué es un adalil? 一preguntó Lémoilas.
一Él es el adalil 一afirmó Partonio señalando al elfo.
一¿Pero qué es? 一se contrarió el rubio.
一El adalil es el jefe de la Compañía 一dijo el ermitaño.
一Raza de cada una de sus mercedes 一dijo el anotario.
一Elfo 一sonrió Lem.
一Humano 一afirmó Eliawain.
一Humano 一repitió Partonio.
一Enano 一sonrió Edd.
一Semiorco 一gruñó Cristán.
一Excelente... 一susurró el hombre一 Pueden entrar pero desarmados 一afirmó entonces Ficus.
一¿Desarmados? 一se asombró Edd一 Somos mercenarios, por todos los dioses.
一Las leyes son las leyes 一dijo el escribano一. Si queréis entrar deberéis dejar todas las armas.
一Haced lo que dice 一suspiró Lem.
一Pero... 一se quejó Edd.
一Haz lo que dicen 一volvió a decir el elfo.
一Está bien...
Lémoilas se soltó el cinturón del que colgaba la vaina de su espada nueva y la entregó al guárdia.
一Cuidala bien 一dijo manteniendola fuera del alcance del hombre justo antes de entregársela.
Eliawain desenvainó su espada curva y se la colocó sobre las palmas de las manos justo antes de darsela al guardia. Partonio se deshizo de su vara y Cristán entregó los dos cinturones de cuchillos que llevaba atados en torno al pecho. Edd lanzó un saquito de puntas al guardia.
一No llevo más armas 一gruñó el enano.
一No os creo 一afirmó el guardia.
一¿Qué? 一se sorprendió Édgamer一 ¡Pero si es verdad!
一Bajad a que os cachee 一ordenó el hombre.
一Pero...
一Hazlo 一intervino Lem.
一Está bien... 一suspiró el enano.
Bajó de la grupa de Adewäle como un fardo de heno y levantó las manos para que le cacheara aquel guardia. El hombre paso sus manos en torno de los brazos, torso y piernas del enano.
一Está limpio 一afirmó entonces el guardia.
一Pues claro 一rebufó el enano.
一Tomad vuestros Notorios 一dijo Ficus entregándoles los papeles.
一Yo los cogeré 一dijo Cristán avanzándose a Lem一. Así no se perderán.
Entonces los guardias se apartaron y los cinco guerreros se adentraron al interior de la Ciudad de Estrellas.
一Lem, se nos están acabando las provisiones 一dijo Cristán revisando en su inventario.
一En la siguiente ciudad podremos parar 一aseguró Eliawain mordisqueando una de las patas de la codorniz一. Allí creo que si que tendrán un carro.
一¡Pues está decidido! 一afirmó Lémoilas arrojando
Las aves asadas resultaron en un plato exquisito, aromatizadas con romero y tomillo, y todos sin excepción se acostaron satisfechos.
***
Al día siguiente, la Compañía llegó a la ciudad. Citadella era una población grande de piedra y acero. Estaba rodeada por un gran muro de piedra, sobre el que podían galopar tres jinetes en fila, de cinco varas de alto. Esta muralla maciza rodeaba la ciudad en una forma estrellada, con puestos de guárdia en cada vértice, de forma que des de cualquier vértice, se dominaban otros dos.
Las defensas en las puertas, tampoco se quedaban cortas. Un poderoso rastrillo se erguía sobre el inmenso arco de cuatro varas de alto que cerraba la empalizada. Y, si aún así conseguían pasar aquel rastrillo que tenía barrotes tan gruesos como el brazo de Lem, unas puertas de roble cerraban la entrada. Además, sobre la entrada había una serie de saeteras desde las que se podía disparar al asaltante con facilidad o verter aceite hirviendo.
Los cinco jinetes se acercaron a la puerta, donde dos hombres montaban guardia, con armaduras muy diferentes y armas distintas.
一¡Alto! 一dijo el de la derecha, y la Compañía paró一. ¿Qué asunto os trae a Citadella?
一Venimos para buscar provisiones 一dijo Lémoilas一. Vamos hacia el norte, hacia los puertos enanos.
一¿Y vuestro Notorio? 一preguntó el de la izquierda, con una sonrisa.
Lémoilas miró a Edd, que se encogió de hombros.
一¿Qué es un Notorio? 一preguntó el elfo, desconcertado.
一Oh, dioses 一dijo el de la derecha volteándose hacia su compañero一. Llama a Ficus.
El otro asintió con un golpe seco de cabeza y desapareció dentro de las murallas.
一Un Notorio es vuestra seña de identidad, sin él no podéis entrar 一dijo el guardia mientras esperaban a que regresara el otro hombre.
一¿Y cómo nos lo hacemos? 一preguntó Edd.
一Ahora cuando venga Ficus lo veréis 一respondió el guardia一. Él es nuestro Anotario.
Lémoilas bajó de la grupa de Ainur y le acarició el lomo blanco con la mano. Una gota de lluvia cayó sobre la nariz del elfo, que levantó la mirada hacia el cielo.
一Va a llover 一dijo Cristán, con la capucha calada hasta las cejas.
一Eso parece 一gruñó Edd.
一En mis tierras siempre es buen tiempo 一replicó Partonio.
一¿Tus tierras? 一preguntó Eliawain arqueando una ceja.
一Claro 一aseguró Partonio, con ironía一, ¿acaso no has visto que mi linaje es noble puro?
一Ya viene 一los cortó el guarda.
Al otro lado de la arcada, apareció el guardia. Detrás de él andaba un hombre menudo, con un sombrero marrón sin ala en la cabeza y un largo bigote acabado en puntas espiraladas.
一Señor Ficus, estos extranjeros no tienen Notorio 一dijo el guardia que se había quedado esperando.
一Está bien 一dijo el hombre mientras sacaba un fajo de papiros de dentro de su gabardina y se sentaba en la silla de los guardias, apoyándose en la mesa en la que anotaban las mercancías一. ¿Y bien? ¿Cuál es el motivo de su visita?
一Somos mercenarios respondió Lémoilas一. Venimos de paso y a por provisiones y nos iremos.
一Está bien 一dijo el escribano mientras anotaba en uno de los papeles一. Son cinco, ¿no? 一Lémoilas asintió一. ¿Y quién es el adalil?
一¿Qué es un adalil? 一preguntó Lémoilas.
一Él es el adalil 一afirmó Partonio señalando al elfo.
一¿Pero qué es? 一se contrarió el rubio.
一El adalil es el jefe de la Compañía 一dijo el ermitaño.
一Raza de cada una de sus mercedes 一dijo el anotario.
一Elfo 一sonrió Lem.
一Humano 一afirmó Eliawain.
一Humano 一repitió Partonio.
一Enano 一sonrió Edd.
一Semiorco 一gruñó Cristán.
一Excelente... 一susurró el hombre一 Pueden entrar pero desarmados 一afirmó entonces Ficus.
一¿Desarmados? 一se asombró Edd一 Somos mercenarios, por todos los dioses.
一Las leyes son las leyes 一dijo el escribano一. Si queréis entrar deberéis dejar todas las armas.
一Haced lo que dice 一suspiró Lem.
一Pero... 一se quejó Edd.
一Haz lo que dicen 一volvió a decir el elfo.
一Está bien...
Lémoilas se soltó el cinturón del que colgaba la vaina de su espada nueva y la entregó al guárdia.
一Cuidala bien 一dijo manteniendola fuera del alcance del hombre justo antes de entregársela.
Eliawain desenvainó su espada curva y se la colocó sobre las palmas de las manos justo antes de darsela al guardia. Partonio se deshizo de su vara y Cristán entregó los dos cinturones de cuchillos que llevaba atados en torno al pecho. Edd lanzó un saquito de puntas al guardia.
一No llevo más armas 一gruñó el enano.
一No os creo 一afirmó el guardia.
一¿Qué? 一se sorprendió Édgamer一 ¡Pero si es verdad!
一Bajad a que os cachee 一ordenó el hombre.
一Pero...
一Hazlo 一intervino Lem.
一Está bien... 一suspiró el enano.
Bajó de la grupa de Adewäle como un fardo de heno y levantó las manos para que le cacheara aquel guardia. El hombre paso sus manos en torno de los brazos, torso y piernas del enano.
一Está limpio 一afirmó entonces el guardia.
一Pues claro 一rebufó el enano.
一Tomad vuestros Notorios 一dijo Ficus entregándoles los papeles.
一Yo los cogeré 一dijo Cristán avanzándose a Lem一. Así no se perderán.
Entonces los guardias se apartaron y los cinco guerreros se adentraron al interior de la Ciudad de Estrellas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario