Capítulo 2

Un hombre, un elfo y un enano




Los héroes avanzaron por el camino real durante toda la mañana, bajo un sol que se había impuesto a la tormenta del día anterior. Los pájaros cantaban y los dos compañeros avanzaban bajo el terrible calor que emanaba la estrella.
Edd y Lémoilas fueron charlando durante toda la mañana. Édgamer hablaba de su tierra natal, el reino de Dor Kûldar, en el norte y Lémoilas reía sobre las historias que contaba el enano sobre sus amigos.
─¡... y entonces ese tonto preguntó que quién era! ─rió Edd.
Lem soltó una carcajada sonora que casi provocó que cayera del caballo. 
─ ¡Qué bueno! ─ rió el elfo frotándose los ojos para secarse las lágrimas. Abrió los ojos de nuevo y vió algo extraño en los puños de Edd. En sus nudillos había algo rugoso y realmente fuera de lo normal ─. Oye ─ preguntó con curiosidad ─, ¿qué es eso de tus manos?
─Oh, ¿esto? ─ preguntó Edd mirándose las manos con una fina sonrisa en sus labios ─. Es un arma ancestral de los enanos.
Con una mano se quitó los guantes y mostro sus nudillos. Unas puntas de acero sobresalían de los huesos.



─ ¡Cómo molaaaa! ─ dijo Lem, cuyos ojos brillaban. 
─ Mira, puedo sacarlas ─ dijo el enano mientras giraba una y la sacaba del hueso, dejando una abertura, que demostraba que el hueso estaba hueco ─ y puedo ponerme otras.
─¡Es genial!
─¿Verdad que sí? ─ sonrió Edd halagado mientras se volvía a poner la punta en el nudillo ─. Muchos intentan ponerselas pero se necesitan unos huesos anchos, ya que sinó, se puede perder la mano. 
─ Tú lo tienes en las dos manos ─ apuntó Lem.
─ Soy más temerario que la mayoría ─ dijo Edd con una sonrisa mientras se ponía el guante ─. Oye es muy tarde. ¿Y si paramos a comer?
─ ¡Buena idea! ─ sonrió Lem ─ ¡Estoy hambriento!
Ambos pararon en un lado del camino y se sentaron a comer. Su comida no era nada del otro mundo: carne seca y pan duro para acompañar. Además Edd tenía una bota con vino y Lem traía una cantimplora con agua.
─ Oye, ¿sabes lo que estaría bien? ─ dijo Lem masticando la cecina como si fuese un chicle ─. Tener un cocinero en la compañía.
─Ojalá ─ dijo Edd rompiendo el pan con una piedra ─. Ahora mismo me comería una buena pizza con piña.
─ No te pases al lado oscuro ─ rió Lem.
─ Tarde ─ sonrió pícaro Edd.
Ambos rieron y siguieron masticando su comida, cuando un tercer personaje entró en escena. Llevaba un sombrero azul picudo y una capa gris. En su cinto había un cuchillo y traía un caballo agarrado de las riendas. Se apoyaba en una vara que había encontrado por el camino y se le veía bastante agotado



─ Buenos días ─ dijo con voz contenta.
─ Hostia que bajito ─ soltó Edd.
─ ¡Hola, soy Lem! ─ dijo el elfo con entusiasmo haciendo caso omiso a Edd ─. Y él es EDD EL PENETRA-CABEZAS o algo así.
─ Es destroza-cráneos ─ se mosqueó Édgamer.
─Sí, eso ─dijo Lem para limar asprezas─. Yo lo llamo Edd y ya.
─ Yo soy Eliawain ─ contestó el muchacho con una sonrisa ─. ¿Me puedo sentar con vosotros?
─ ¡Pues claro! ─ respondió Lem haciéndose a un lado para que se sentase.
Eliawain se sentó y sacó un trozo de pan que se empezó a comer, sin acompañamiento.
─ ¿Hacia dónde vas? ─ se interesó Edd.
─ Pues la verdad es que hacia ningún sitio ─ respondió Eliawain  ─. Me perdí.
─ Anda, como nosotros hace un rato ─ dijo Lem sonriendo ampliamente ─. ¿Quieres unirte a mi compañía?
─ ¡Lem, si no lo conocemos de nada! ─ dijo Edd incrédulo.
─ Acepto ─ contestó Eliawain.
─ ¿¡Pero por qué contestas!? ─ dijo Edd aún mas boquiabierto.
─ ¡Guay!
─ Pero... Pero... ─ decía Édgamer, sin poder creer lo que acababa de pasar.
─ ¿Y hacia donde nos dirigimos? ─ preguntó Eliawain.
─ Hacia el Valle del Cuerno ─ respondió Lem comiendo un trozo de pan.
─ ¡Pero allí está el dragón! ─ se atemorizó el muchacho.
─ ¡Voy a matarlo! ─ dijo Lem con una resolución increíble.
─ Qué miedo... ─ susurró Eliawain. Por dentro pensaba huir de ellos mientras durmiesen.
─ ¿Continuamos? ─ dijo Lem levantándose.
─ Por mí sí ─ contestó Edd ─. Eliawain, monta a tu pony.
─ ¡Oye! ─ protestó este.
─ Esperad ─ dijo Lem ─. Antes de continuar debemos adjudicar a Eliawain una función.
─ Puede ser el porta-escudos del grupo ─ dijo Edd.
─ Tío... ─dijo Eliawain con una cara de incomodidad que provocó la risa de Lem.
─ ¡Puedes ser nuestro guía! ─ dijo el elfo con una palmada y una gran sonrisa.
─ Pero si me perdí... ─ protestó el muchacho.
Édgamer rió y montó a su caballo. 
─ Por mí bien ─ dijo secándose las lágrimas , nos hace falta un guía.
─ Genial, entonces ─ dijo Lem, mientras cerraba los ojos y levantaba la cabeza hacia el cielo ─. Huelo el aroma de la aventura.
─ Perdón ─ dijo Edd ─. Se me ha escapado.
Eliawain rió y continuaron por el camino.



Al anochecer, llegaron a un bosque, en el linde del cuál, Lémoilas decidió acampar. Eliawain buscó un montón de leña y, sólo con sus manos, hizo una pequeña hoguera. Edd se acostó sobre el suelo y cayó dormido instantáneamente, sin tomarse la cena si quiera. Lem se tumbó en el suelo y, mientras devoraba un trozo de queso, contempló las estrellas que empezaron a salir en el firmamento, contándolas e inventando un nombre para cada una de ellas. Eliawain por su parte, estudió el mapa, girándolo varias veces, tratando de entenderlo pero sin a penas conseguirlo. 
En ese momento entraron unos orcos en el claro Tenían la piel roja y los ojos negros y era evidente que venían del interior del espeso bosque. Los cabellos largos les llegaban a media espalda y llevaban cimitarras en sus cintos. Alguno llevaba arco, sin embargo. 



─ Dádnos todo lo que tenéis, escoria ─ dijo el primero de los forajidos ─ y tal vez os dejemos vivir.
Lémoilas se sentó erguido y miró al orco que acababa de hablar. Desde el fondo, Edd soltó un ronquido y se giró un poco. Eliawain, saltó del susto que se llevó y se cayó del tronco donde permanecía sentado. Lem miró a su alrededor y vió que unos veinte orcos los habían rodeado.
─ Creo que es hora de pelear ─ dijo el elfo mientras desenvainaba su arma y se levantaba ─. Molestar a alguien cuando está comiendo es de mala educación.

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