Capítulo 15

El prisionero




El sol se estaba poniendo y Edd, maniatado, forzó la vista para tratar de divisar si alguien se acercaba.
─Pierdes el tiempo, enano ─sonrió Reshbak detrás de él. Tenía diez hombres y parecía que tenía la situación bajo control─. No creo que vengan a por ti.
─Crees mal ─replicó Edd con firmeza─. Vendrá.
Entonces una silueta se recortó en la colina. Llevaba a alguien a rastras. Empezó a descender y sus cabellos brillaron. Aquel pelo del color del sol era inconfundible. Lémoilas terminó de descender por la colina y llegó a la puerta. Llevaba una vara en la espalda. El elfo y Reshbak se miraron durante unos segundos hasta que Lem rompió el contacto visual. 
─Aquí tienes ─dijo empujando a Partonio hacia delante─. Ahora libera a Edd.
El ermitaño cayó de rodillas y miró a Reshbak con un odio visceral.
─Soltadlo ─dijo el bandido sonriendo hacia Partonio. Sus hombres soltaron a Edd y el enano se reunió con Lem─. Ahora, matadles a todos menos al ermitaño. Yo estaré interrogando a la segunda hada, la que me habéis traído hace unas horas.
El bandido se dió la vuelta y desapareció andando tras la entrada de la empalizada. Edd miró a sus captores, todavía maniatado y sus ojos se abrieron cuando vió que habían tensado sus arcos. 
─¡Ahora, Partonio! ─ordenó Lem mientras le arrojaba la vara. 
El ermitaño, que se encontraba muy cerca de los arqueros, se levantó con rapidez y en un acto de absoluta destreza agarró la vara en un salto que lo colocó en una posición horizontal respecto al suelo. El ermitaño, giró en el aire y aterrizó suavemente apoyando el pie descalzo sobre la hierba. Los músculos de su pie se tensaron y el ermitaño volvió a saltar, mientras se apoyaba sobre su vara y golpeaba con los dos pies al bandido más cercano para después impulsarse en este mismo cuerpo y abalanzarse sobre dos enemigos más, golpeándolos con la vara en el cuello y cayendo sobre ellos con las rodillas en su abdomen. 
Con un corte rápido, Lem deshizo las ataduras de Edd y saltó sobre sus contrincantes con una furia salvaje. Cortó por la mitad el arco del primero y atravesó el brazo del segundo. Se agachó y una flecha pasó silbando por el lado de su oreja. Entonces sonrió y atravesó la coraza a la altura del abdomen de otro guerrero. Empujó con la bota el cuerpo inherte del forajido y se agachó, esquivando una espada, que buscaba su cráneo. Avanzó unos pasos y, con la espada en horizontal.
Edd se quitó los guantes y se arrojó al suelo para ver que cinco flechas habían impactado el lugar donde había estado a penas unos segundos antes. El enano se levantó y saltó sobre un enemigo, golpeándole la mandíbula. Sus nudillos de acero atravesaron piel, músculo y hueso y su enemigo cayó al suelo, derrotado y con la cara marcada de por vida. Otro bandido apareció y Edd no dudó, golpeó en su estómago con el puño derecho y cuando el cuerpo del forajido se dobló por el impacto, golpeó su espalda con el puño izquierdo. Una espada cortó el aire rapidamente, buscando atravesar su estómago, pero Edd la desvió de un manotazo y golpeó el cuello de su agresor con el puño cerrado. 
Partonio se levantó y miró a su alrededor. Todos los bandidos habían sido derrotados. Entonces un cuerno sonó y los tres guerreros vieron humo elevándose desde el centro del campamento. 
─El plan va bien ─sonrió Lem.
─Ojalá morira ─dijo Edd.
─¿Por qué? ─preguntó Partonio con curiosidad.
─Por que me aburro ─respondió el enano.
─Ah, entonces yo también ─dijo el ermitaño.
─¡Pero si acabamos de pelear y eso mola! ─exclamó Lem.
─¡Ojalá yo morir! ─bramaron sus dos amigos en un sonoro quejido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario