Caballos y monstruos
Lémoilas se colocó en posición de batalla, con las rodillas flexionadas y la empuñadura de su espada agarrada con las dos manos por debajo de su cintura. A su lado, Édgamer se golpeó el pecho y le bramó al monstruo, mostrando su coraje y su ferocidad.
Iré a avisar a los otros dijo Zenne mientras se apresuraba para desaparecer entre el follaje.
─Puto cobarde... ─rezongó el enano, que tenía la barba enredada en un aspecto absolutamente salvaje.
Thaus dejó ir un rugido atronador y se volvió para mirar a Reshbak, que tenía un semblante tenso. El monstruo vislumbró al humano y sintió como su instinto lo obligaba a matarlo. Volvió a rugir abriendo sus imponentes fauces y avanzó varios pasos hacia el hombre, que lo miraba sin mover ni un solo músculo.
Entonces Reshbak se arrodilló y mostró la palma de la mano a la criatura. Una cicatriz marcada con fuego se marcaba en la piel del forajido, una cicatriz que constituía una runa. Thaus paró en seco y sus pequeños ojos ambarinos cambiaron a un tono azulado.
Reshbak irguió la cabeza y lo miró, complacido. El monstruo inclinó la cabeza y el bandido subió sobre su lomo.
─Mata a mis enemigos, Thaus ─sonrió el malvado apuntando a Lem y a Edd con su huesudo dedo.
Lémoilas sonrió y miró de frente a su enemigo, sin bajar la guardia.
─Esto se está poniendo feo ─dijo con voz seria, pero sin perder la sonrisa─. Edd, necesito que vuelvas al campamento y avises al resto. Después tráeme un caballo y marcharemos hacia Nasaud para planear su defensa.
─No pienso irme sin ti ─gruñó el enano.
─¡Lárgate, Edd! ─gritó el elfo y una vena se le destacó en la frente tras el tirabuzón que formaba su flequillo rubio.
─Lem... ─susurró Edd bajando la guardia y mirando al elfo.
La cara de Lem, normalmente sonriente, se había vuelto una máscara de concentración, y su flagrante sonrisa, había dejado paso a un semblante serio, que no daba cabida a la duda ni al miedo.
Edd miró a su amigo y tras un par de segundos de cavilación, saltó tras los helechos y se perdió en el interior del bosque. Lémoilas sonrió y aferro con más fuerza su espada. En frente de él, la criatura gruñó y le enseñó una doble hilera de dientes. Tenía más del doble del tamaño de Lem, pero el elfo mantuvo su sonrisa sin amedrentarse ni un sólo instante.
─Es la hora de la verdad ─se dijo para sí─. La hora en la que los verdaderos guerreros muestran el valor y la determinación suficiente para derrotar al enemigo.
***
Édgamer corrió por el bosque, esquivando un todo de helechos y aarbustos. Los árboles se cernían sobre él, pero poco a poco fueron desapareciendo y el enano sorteó una colina para llegar al campamento. Partonio y Eliawain estaban en el centro, recostados sobre las ruinas y descansando. El ermitaño masticaba algo mientras que el mago parecía dormido. Al lado de los dos, reposaba Kenai en actitud plácida, inconsciente tras el combate con el ermitaño, pero viva al fin y al cabo.
Edd avanzó entre las tiendas de campaña, esquivando cadáveres y fuegos todavía encendidos. En un santiamén llegó a la posición de los otros dos.
─¿Qué ha pasado? ─inquirió el ermitaño al verlo llegar entre jadeos.
Eliawain abrió los ojos y lo miró con sus ojos saltones.
─En el bosque... ─jadeó el enano─ Thaus... Lem está luchando...
─Tranquilo, Edd ─dijo Eliawain incorporándose─. Explícanos que ha pasado.
─Reshbak ha despertado a Thaus y Lem se ha quedado para frenarlos y dejar que yo llegue hasta aquí y os avise ─dijo Édgamer─. Tengo que llevarle un caballo e iremos hacia Nasaud. ¿No ha venido Zenne?
─No ─dijo Eliawain balanceando la cabeza.
─Maldito traidor... ─gruñó Edd entre dientes
─No podemos ir hacia Nasaud ─negó Partonio─. Si lo llevamos allí, quién sabe la cantidad de destrozos que hará semejante criatura.
─¿Entonces qué hacemos? ─preguntó Edd con desesperación en su voz.
Los tres se miraron en silencio hasta que los ojos de Eliawain se iluminaron con una idea.
─Creo que tengo un plan ─dijo con una sonrisa en sus labios.
***
Lémoilas se arrojó al suelo y esquivó un nuevo zarpazo del monstruo. Un grumo de sangre mezclada con saliva le goteó por la comisura de la boca mientras se levantaba jadeando. La criatura rugió y levantó sus garras para asestar un golpe mortal. Pero el elfo estaba preparado. Cuando la zarpa cayó sobre su persona, el elfo se desplazó de un salto hacia un lado y esquivó las peligrosas y afiladas puntas de la criatura. Con un grito, descargó su espada agarrada con una mano contra la zarpa de la criatura. Un sonido metálico sonó y Lémoilas se giró con velocidad y, asiendo con las dos manos la empuñadura de su arma, descargó otro golpé sobre la pata de Thaus. Unas chispas brotaron de la espada y Lem retrocedió tambaleándose. El monstruo rugió y cerró sus dos patas delanteras sobre el elfo, que se arrojó hacia el vientre de la criatura esquivando así el abrazo mortal. Agarró con las dos manos la espada y trató de clavarla en las tripas del monstruo. Sin embargo, la piel de roca resistió el golpe y, súbitamente empezó a descender. Thaus trataba de aplastar a Lem con su abdomen y demasiado tarde se dió cuenta Lem de esto. La pared de piedra cayó sobre su cabeza antes de que se diese cuenta.
***
Edd miró a Eliawain. El mago estaba sentado y le sonreía con aquella dentadura blanca. Sus ojos saltones brillaban entusiasmados por la ocurrencia que acababa de tener.
─Maldito gnomo ─sonrió el enano, contagiado de optimismo─. A veces se te ocurren buenas ideas y todo.
Partonio soltó una carcajada detrás de él y se subió las lentes rotas. Traía dos caballos agarrados por las riendas: uno blanco como la nieve y otro de color pardo. El ermitaño le entregó las riendas alÉdgamer.
─Es todo lo que he podido conseguir ─dijo con un tono risueño.
─Será suficiente ─sonrió de nuevo Edd mientras montaba el rocín pardo. Partonio ató las riendas del caballo blanco a la silla de Édgamer.
─Recuerda el plan ─dijo Eliawain mientras se levantaba con esfuerzo.
─Tranquilo ─dijo el enano espoleando a su caballo.
Los dos caballos y su jinete se perdieron entre el follaje de los árboles y Eliawain suspiró.
─Espero que después de esto, la diábetes en palo que me habéis prometido merezca la pena ─dijo Partonio con el ceño funcido.
***
Lémoilas se levantó. Le dolía el brazo por el golpe el suelo y había perdido su espada, pero por el resto estaba bien. Había sido suerte que se hubiese lanzado hacia la única escapatoria que tenía en un acto reflejo. El elfo miró a su enemigo, y sa cogió la muñeca derecha. Debía habérsela roto cuando la había apoyado para rodar por el suelo evitando así un mal mayor.
Thaus giró la cabeza y clavó en él sus ojillos azules malvados. Sus fosas nasales se dilataron y la criatura se arrojó sobre su presa, que corrió hacia el lugar desde el que había saltado el monstruo, esquivando así la embestida del feroz ser. Sin embargo, la bestia se retorció y volvió a atacar al elfo, que apretó la mandíbula.
─¡Vamos! ─gritaba Reshbak desde su cómodo asiento sobre la grupa de la criatura─. ¡Liquídalo!
Thaus bramó y movió su zarpa en un movimiento horizontal, arrastrando todo lo que llegaba a tocar. Lémoilas palideció, pero entonces vió su espada y, en su mente, se fraguó un plan. Con rapidez, corrió hacia la muerte segura que eran las garras de la criatura y avanzó hasta estar a pocos metros de ella. Entonces, saltó con todas sus fuerzas y se colocó en una posición paralela al suelo mientras surcaba el aire. La zarpa del monstruo pasó a unos escasos centímetros del cuerpo del elfo, que cayó sobre el suelo en un sonido sordo. Rodó por el lecho de roca y se levantó presto, sin dar lugar a descansos. Pasó por debajo de las terribles fauces de Thaus y se agachó, aún corriendo, para coger su acero, que reposaba tranquilo sobre la tierra. Continuó corriendo y clavó sus botas en la hierba antes de dar otro potente salto y trepar por el tronco de los árboles que hacían de patas para Thaus. Trepó con piernas y brazos, con la espada en la mano izquierda y haciendo caso omiso del dolor que le producía su muñeca. La criatura sacudió su pata, tratando de deshacerse de aquel extraño ser que le trepaba por su extremidad, pero Lem no se soltó y continuó trepando hasta llegar al lomo. Avanzó unos metros, con el acero brillante en su zurda, hacia Reshbak, que tragó saliva y lo miró aterrado. Sin embargo, Thaus movió el dorso de su zarpa sobre su propio lomo, deshaciéndose así del nuevo inquilino, que cayó unos metros más adelante. Reshbak suspiró con alivio y gritó:
─¡Acaba con él!
El monstruo gruñó, como asintiendo y mostró sus dos hileras de dientes a Lémoilas. El elfo tosió sangre y trató de incorporarse, apoyado en su espada. El golpe le había roto varias costillas que le producían un dolor atroz, por lo que cerró un ojo e hizo una mueca dolorida. Aquello era el final, moriría y no podía hacer nada por evitarlo. Pero, si tenía que marcharse de ese mundo, moriría peleando y con una sonrisa. Hasta el final, hasta que la Parca se lo llevase, estaría combatiendo, espada en mano y con la sangre de sus enemigos perfilada en el acero. Lémoilas agarró con las dos manos la empuñadura de su arma y clavó sus dos ojos sobre la bestia. Los cabellos rubios enredados se habían manchado con sangre y varios coágulos le hacían nudos en el pelo. Lémoilas ignoró el dolor y se concentró hasta que sólo oyó su respiración. Miró a su enemigo y una fúria súbita surgió de su interior. No podía morir allí, todavía tenía numerosas cosas por hacer.
Entonces el relincho de un caballo, rompió su conentración. En el otro lado de el claro, Edd apareció, con dos caballos y soltó el corcel blanco para después espolear su rocín.
─¡Aquí, bola de sebo! ─bramó mientras se golpeaba el pecho y soltaba alaridos.
Thaus se volteó y miró al enano con un gruñido.
─¡No! ─chilló Reshbak─ ¡Mata al rubio! ¡Mata al elfo!
─¡Lem! ─gritó el enano─ ¡Coge el maldito caballo y larguémonos de aquí!
Lémoilas sonrió y a la vez que envainaba, echó a correr a través de las patas de Thaus. Y siguió corriendo hacia el corcel, que pastaba tranquilamente, como si nada hasta que, de un salto, se subió a su grupa. El rocín, alarmado por el olor a sangre que desprendía el elfo, se movió intranquilo, pero Lémoilas le dijo unas palabras al oído y el animal se calmó.
─¡Sígueme! ─gritó entonces Edd, que cruzó por delante de Lem y su caballo como una flecha.
El elfo espoleó a su caballo y siguió a su amigo por entre el follaje. Detrás de él, Thaus corría con fúria, mientras que en su lomo, Reshbak bramaba como un loco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario