Capítulo 29

El soplón y el boulevard



La casa donde vivían Ryn y Páragul se encontraba en una calle estrecha y tenía tres pisos. Ellos vivían en el ático, al que se accedía mediante unas escaleras de madera situadas en la parte exterior de la fachada, zigzageando hasta llegar a la puerta de la vivienda La puerta era de roble y a su lado, los muros gruesos se abrían para dar lugar a dos ventanas, una a cada lado. La piedra estaba pintada con una pintura blanca de cal y las ventanas se cerraban en barrotes, para impedir la entrada de los intrusos, aunque, bien visto, ¿quién iba a molestarse en subir hasta allí a robar? Sea como fuere el dueño anterior había decidido colocar barrotes y allí seguían estando. 
Por dentro, la casa era bastante pequeña. Tenía tres habitaciones. La habitación principal, era el dormitorio, con la cama de matrimonio en una esquina y una mesa con tres sillas en el centro. En el centro de la pared en la que estaba apoyado el cabezal de la cama asomaban dos puertas. Una llevaba a la cocina, de aspecto pequeño y claustrofóbico. La otra, llevaba a la letrina, un cuarto de un tamaño menor a la cocina y sin luz, que, sin embargo, despedía buen olor, pues Páragul, obsesionado con la limpieza, se había deshecho de toda la inmundícia que allí había y había comprado un perfume para rociar toda aquella pequeña estancia. Sin embargo a pesar de que la vivienda era muy reducida, tenía una gran terraza que dejaba ver gran parte de la ciudad. Ryn solía salir a ver la ciudad por las noches, cuando no podía dormir, que era casi siempre. 
Páragul arrojó a Podrick en el centro de la estancia y este cayó de lado, con todo su peso sobre el brazo, que sonó en un chasquido espantoso. El mercenario  despertó por el golpe soltando un grito y retrocedió unos metros hasta que su espalda chocó contra la pared. 
一Dime lo que quiero saber, Podrick 一dijo el artesano con una voz fría como el acero一, y tal vez te deje vivir. 
一¡Maldito cabrón! 一gritó el hombre一. Lamentarás este día hasta que mueras, escoria. Mataré a esa perra elfa primero y después haré que sufras hasta que me pidas que te mate. 
Páragul se acercó y se agachó hasta que sus ojos estuvieron a la misma altura. Su rostro se mantenía sereno y en calma pero había algo en sus ojos... Algo que hizo que Podrick palideciera y contrajese su rostro en una mueca de absoluto terror. 
一Jamás vuelvas a llamarla perra 一dijo con total control de si mismo Páragul一 o te destriparé como a un cerdo. 
Entonces Podrick desvió la mirada, intimidado, pues sabía que aquel hombre no lo estaba amenazando, sinó que estaba advirtiéndole. 
一Jamás hablaré... 一susurró el matón con voz temblorosa. 
La puerta de la terraza se abrió del impacto y Podrick salió de la casa por los aires, hasta chocar contra el suelo en el centro. Páragul lo siguió andando con calma, pero airado, con una ira gélida más letal que cualquier otra que Podrick hubiese visto. 
Con un movimiento rápido, Podrick sacó un pequeño cuchillo y retrocedió unos metros hasta que su espalda topó con la barandilla. 
一No te acerques, monstruo 一gritó el mercenario apuntando al artesano con su arma. 
Suelta el cuchillo 一lo advirtió una voz desde la puerta, y Podrick vió a Lémoilas, con los brazos cruzados escrutándolo con sus ojos pardos. 
El matón, acobardado, soltó el arma, pero Páragul siguió avanzando. 
一Necesito información, Podrick 一dijo con voz serena el artesano一 y será mejor que me la des. 
一¡Jamás! 一exclamó el matón一 ¡Antes la muerte!
一Así sea...
Páragul avanzó lo que quedaba de distancia con una rápida zancada y agarró de la pechera a su enemigo, levantándolo del suelo y manteniéndolo por la parte de fuera de la barandilla. El mercenario trató de agarrarse al brazo de Páragul, gritando, francamente asustado, y pataleando para tratar de alcanzar la barandilla. Sin embargo no lo consiguió. Miró hacia abajo. Los tres pisos se incrementaban en la parte de atrás de la casa a cuatro, pues un artesano había montado su negocio en los bajos de la casa. 
一Por favor, hablaré, hablaré 一chillaba el mercenario一. Pero no me matéis, os lo suplico...
一Eso ya está mejor 一sonrió Páragul, arrojándolo de nuevo al centro de la terraza.
El hombre levantó la mirada, asustado por la tremenda fuerza del brazo del artesano. 
一¿Dónde está Grench? 一preguntó Páragul. 
一Está en un almacén en los bajos fondos de la ciudad 一respondió Podrick一. Te indicaré la calle, si quieres. 
一Eso está bien 一sonrió de nuevo Páragul y se inclinó hacia él para que se lo dijese. 
一Es lo único que sé 一sollozó el mercenario una vez hubo acabado con sus indicaciones一, lo juro. Por favor dejadme ir. 
一Oh, por supuesto 一dijo Páragul y le acarició la cabeza. Entoncces lo cogió del cabello y le estampó el rostro contra la piedra que hacia de suelo, provocando de nuevo la inconsciencia del hombre. 
Páragul entró en la casa poniéndose bien los guantes, justo detrás de Lémoilas, que llevaba las manos en los bolsillos con actitud indiferente. El resto estaban sentados en la mesa o alrededor de esta. 
一¿Y bien? 一preguntó Cristán一 ¿Ha cantado?
一¡Claro! 一respondió Lémoilas con un ancha sonrisa. 
一Dice que está en un almacén, bastante cerca de aquí 一añadió Páragul. 
一¿Enotnces a que esperamos? 一preguntó Edd一. Vamos a por él. 
一No tan rápido 一negó Ryn一. Primero hemos de ir a una audiencia con el gobernador. Nos ha costado mucho que nos aceptara así que no nos retiraremos ahora. 
一Cierto 一coincidió Páragul.
一En ese caso primero deberíamos ir con el gobernador y después marchar sobre Grench 一reflexionó Eliawain. 
一Es un buen plan 一afirmó Cristán一, pero creo que deberíamos atacar por la noche. Tendremos más oportunidades de esta forma. 
一Coincido con Cristán 一asintió Partonio一. Pero me gustaría ver ese almacén antes de atacarlo.
一Me parece que deberíamos ir a la audiencia todos juntos 一dijo Lémoilas con el ceño fruncido. 
一No, no pasa nada 一sonrió Émiryn一. Yo me llevaré al ermitaño a verlo y mientras vosotros iréis a ver al gobernador. 
一¿Seguro? 一preguntó Lémoilas arqueando una ceja. 
一Sí, claro, no es problema. 
一Oye, Eliawain 一dijo Partonio guiñando un ojo一. Si os dan mandarinas guárdame una.
一Vaaaale 一suspiró el mago mientras ponía los ojos en blanco. 
Estupendo, marchémosnos 一sonrió Lémoilas, risueño. 
一Nosotros iremos por los tejados 一hizo Ryn一. Así evitaremos a soplones. 
一Nosotros nos vamos ya con el gobernador 一dijo Páragul y la Compañía, exceptuando a Partonio, empezaron a salir de la cacsa, descendiendo por la estrecha escalera de la fachada. 
Partonio salió a la terraza y miró a Podrick.
一Oye 一dijo一, ¿que vais a hacer con este?
一Yo me ocupo 一dijo Páragul agarrándolo con una mano. 
El artesano se dirigió a la puerta de entrada y se volvió para ver a Ryn, que también estaba observándolo. Entonces Páragul sonrió cálidamente y se marchó. Ryn se quedó muy sorprendida pues no se esperaba aquello y se ruborizó levemente antes de salir a la terraza. 
一¿Nos vamos? 一preguntó Partonio. 
一Por supuesto 一afirmó Ryn. 


***

Páragul se encontró con la Compañía en el bocacalle. La tormenta había amainado y las nubes se estaban disipando, de forma que el tahúr se había quitado la chaqueta. 
一¿Qué has hecho con el tal Podrick? 一preguntó Cristán, interesado. 
一Lo he dejado con sus conjéneres 一sonrió con maldad Páragul .
Cristán lo miró y levantó las cejas, pero dejó que el tahúr pasara por su lado sin decir nada. 

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