El banquete
Lem miró al orco con un gesto extraño y se fue hacia donde estaba Cristán. El semiorco estaba cogiendo los cuchillos de los cadáveres de los orcos.
─Buena pelea ─dijo Lem─. Hay que hacer un banquete para celebrarlo.
─Eso es verdad ─rió Cristán─. Pero primero debo encontrar a mi madre.
─Cierto ─dijo Lem.
Cristán se guardó los cuchillos y se levantó. Sonreía y Lem nunca lo había visto sonreír así que el elfo sonrió también sonrió. Cristán se dirigió a Kondoraz.
─Kondoraz... ─murmuró.
El orco tosió y Cristán alertado retrocedió un paso.
─¿¡Por qué no está muerto!? ─preguntó a gritos.
─Yo nunca mato a mis oponentes ─respondió Lem calmado mientras se sentaba sobre una roca.
─¡Pero él es un tirano! ─le espetó el semiorco.
─La muerte es definitiva y todo el mundo merece una segunda oportunidad ─replicó Lem.
Cristán suspiró y hurgó en sus bolsillos, nervioso. Extrajo un paquete de cigarrillos y unas cerillas, que casi se le cayeron. Se colocó uno en la boca y lo encendió. Después lo guardó todo de nuevo, apresuradamente. El semiorco se puso bien las lentes y se sacó el cigarrillo de la boca, exhalando una bocanada de humo.
─Entonces debemos atarlo ─dijo.
─Como veas ─respondió Lem─. Aunque no creo que se mueva de ahí con esa herida.
Cristán fue hacia Kondoraz y le quitó el cinturón para después atarlo con él.
─Esto servirá ─dijo Cristán con una pequeña sonrisa.
***
─Edd, ¿estás bien? ─preguntó Eliawain.
Desde que habían vencido al ogro, el enano se estaba comportando de forma extraña. Estaba absente, andaba más lento de lo normal...
─Sí, sí... ─respondió Édgamer con un hilo de voz─. Tranquilo...
Edd se apoyó en una pared, jadeando. Eliawain pensó que nunca había visto a un enano cansarse simplemente por andar. Edd apoyó su hombro en la pared y fue desplomándose poco a poco.
─¡EDD! ─gritó Eliawain mientras lo agarraba hasta depositarlo en el suelo.
Entonces Eliawain lo vió. Edd tenía una herida enorme en el abdomen y había perdido bastante sangre.
─¡Ayuda! ─gritó─ ¡Un médico!
─Chico, llevémoslo al médico del pueblo ─le dijo Einara, que también se había arrodillado con Edd.
Entre los dos lo cargaron a hombros, ya que Eliawain no podía usar magia por fátiga. Lo llevaron a una casa cercana. Más parecida a una tienda de campaña que a una casa. Dentro, había un orco que estaba mirando una serie de frascos y escribía en otro.
─Doctor ─dijo Einara─. Este muchacho está herido.
El médico se giró y vió al enano.
─Nosotros no ayudamos a enanos ─dijo el orco─. Ya lo sabes.
─Este chico ha matado a Erékbak ─dijo Einara, furiosa.
─Razón de más para que no lo cure ─dijo el doctor─. Kondoraz me mataría.
En ese momento, un orco joven entró por la puerta con una sonrisa en el rostro.
─¡Kondoraz ha sido derrotado! ─dijo.
─¿Cómo? ─preguntó el doctor incrédulo─ ¿Kondoraz ha muerto?
─Sí ─respondió el muchacho─. Cristán y un elfo lo han derrotado en la plaza.
─Bien hecho Moi ─dijo Eliawain con un susurro.
─Me voy a avisar a más gente ─dijo el chaval mientras salía gritando─. ¡Kondoraz ha sido derrotado!
─Si Kondoraz ha sido derrotado ─dijo el doctor con una sonrisa─ podéis ponerlo en la camilla.
Eliawain y Einara depositaron a Edd sobre la camilla y el médico empezó a tratarlo.
─Esperad fuera, esto puede tardar un rato ─dijo.
***
Lem y Cristán se encontraron a Eliawain sentado en un escalón fuera de la tienda. Tenía las manos cruzadas apoyadas sobre sus rodillas y aspecto de preocupación.
─Edd ha sido herido ─dijo Eliawain─. Está dentro con el médico.
─Oh... ─dijo solamente Cristán.
Lem se sentó al lado de Eliawain y lo rodeó con su brazo por el hombro.
─Es culpa mía ─dijo el mago─. Debí haberlo protegido mejor.
─No es tu culpa, tranquilo ─dijo Lem
─Él sabía bien lo que hacía ─aseguró Cristán, que se había sentado al otro lado del hechicero.
Eliawain se quedó unos minutos callado y asintió. En ese momento apareció el doctor y los tres se levantaron y lo miraron con atención
─El enano se pondrá bien ─les dijo─. Pero debe permanecer en reposo absoluto, la herida era profunda.
─Entendido, doctor ─sonrió Lem.
─Menos mal... ─suspiró Eliawain.
─Oye ─dijo Lem─. Nos vendría bien un músico...
─La verdad es que sí ─sonrió Cristán.
─Bueno ya lo pensaremos después ─dijo Lem mirando el cielo, que oscurecía─. Ahora vamos a celebrar un banquete.
Y así fue. Toda la aldea fue y comieron, bebieron, bailaron, cantaron y bebieron más. Edd apareció en mitad del banquete y demostró la fama que tenían los enanos de ser la raza que más aguantaba la bebida. Al día siguiente nadie recordaba la noche entera.
─Edd ha sido herido ─dijo Eliawain─. Está dentro con el médico.
─Oh... ─dijo solamente Cristán.
Lem se sentó al lado de Eliawain y lo rodeó con su brazo por el hombro.
─Es culpa mía ─dijo el mago─. Debí haberlo protegido mejor.
─No es tu culpa, tranquilo ─dijo Lem
─Él sabía bien lo que hacía ─aseguró Cristán, que se había sentado al otro lado del hechicero.
Eliawain se quedó unos minutos callado y asintió. En ese momento apareció el doctor y los tres se levantaron y lo miraron con atención
─El enano se pondrá bien ─les dijo─. Pero debe permanecer en reposo absoluto, la herida era profunda.
─Entendido, doctor ─sonrió Lem.
─Menos mal... ─suspiró Eliawain.
─Oye ─dijo Lem─. Nos vendría bien un músico...
─La verdad es que sí ─sonrió Cristán.
─Bueno ya lo pensaremos después ─dijo Lem mirando el cielo, que oscurecía─. Ahora vamos a celebrar un banquete.
Y así fue. Toda la aldea fue y comieron, bebieron, bailaron, cantaron y bebieron más. Edd apareció en mitad del banquete y demostró la fama que tenían los enanos de ser la raza que más aguantaba la bebida. Al día siguiente nadie recordaba la noche entera.
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