Capítulo 19

El secreto del bosque



─Maldición ─gruñó Edd mientras se limpiaba el barro del rostro─. ¿Cómo he podido caer en un truco tan viejo?
Lem se acercó por detrás y le dió una palmada en la espalda. 
─Tranquilo, vamos a ver a los demás ─dijo con una sonrisa bajo sus mojados cabellos rubios. 
Los dos avanzaron hacia Partonio y Eliawain. El mago tenía heridas profundas y en su rostro se marcaba un gesto ambiguo. En cambio, el ermitaño avanzaba con una sonrisa en la cara y pasos decididos. Eliawain se apoyaba en su hombro, pero parecía que no pesara, conforme andaba Partonio. 
─¿Cómo estás, Eliawain? ─preguntó el ermitaño mientras lo dejaba en el suelo. 
─No lo sé... ─respondió el mago inseguro─. Agotado pero bien, supongo.
─Siempre tan elocuente, ¿eh Eliawain? ─sonrió el elfo.
─Oye, pequeñajo ─gruñó Edd─, ponte bien o me quedaré sin gente a la que hacer bullying.
─¡A mí me puedes hacer bullying! ─los ojos de Partonio se iluminaron como si de estrellas se tratase.
─Este tío no está bien de la cabeza ─se quejó Edd mientras se tapaba los ojos con la mano. 
¡Ayudadme! resonó una voz en la cabeza de los cuatro. 
─¿Qué es eso? ─se asustó Eliawain.
─No lo sé pero mola ─sonrió Lémoilas─. Podría unirse a la compañía. 
─¡Pero podría ser malo! ─dijo Eliawain con voz aguda mientras un escalofrío recorría su espalda. 
─No creo que alguien que pida ayuda sea... 
─¡Lo he encontrado! ─gritó Edd desde una tienda cercana. 
─¿¡Qué!? ─exclamaron Lem y Eliawain mientras se volvían. 
Mientras el mago y el elfo discutían, Edd y Partonio habían estado buscando al Hijo de la Luna y al final el enano lo había encontrado, metido en un frasco dentro de la tienda de Reshbak. 
El hada se subió revoloteando al hombro del enano. 
─Su nombre es Zenne y es un Hijo de la Luna ─sonrió Partonio─. Estos son Lem y Eliawain. Eliawain es el bajito y Lem el rubio. 
─¡Oye! ─se quejó el mago, que se había erguido apoyándose en la vara de Partonio. 
«Encantado de conoceros, Lem el rubio y Eliawain el bajito.» dijo el ser con una reverencia «¿¡Pero qué hago!? ¡No hay tiempo que perder!»
─¿Qué ocurre, Zenne? ─preguntó Edd cruzado de brazos.
«Jákiia, mi hermana, le va a revelara Reshbak  el paradero de Thaus el durmiente. respondió,» inquieto «¡Si no lo detenemos, el mundo será suyo!»
─Pues no hay tiempo que perder ─dijo Lem mientras fruncía el ceño─. Guíanos a por Thaus.
«No puedo hacerlo.» dijo el hada «Si lo hago, ¿quién dice que no lo despertaréis vosotros?»
─¿¡Tú eres tonto!? ─gritó Edd.
─Espera, Edd. Tranquilo ─dijo Partonio.
─¿Acabamos de salvarte aún a riesgo de nuestra vida y así nos lo agradeces? ─dijo Edd─. Me caías bien pero ahora tengo ganas de aplastarte esa cabecita tuya. 
─¡Edd, cálmate! ─pidió Eliawain─. Lem dile algo, por favor. 
─Yo estoy con él ─replicó el elfo─. Que todavía no confíe en nosotros me parece estúpido.
─Recapacita Zenne ─dijo Partonio─. Mira como está el mago y como estoy yo. ¿De verdad crees que nos hemos sacrificado así por salvarte para después pensar en traicionarte?
«No...»Lem a penas escuchó la voz de Zenne en su cabeza «...pero no es relevante lo que yo crea, sinó los hechos.»
─Te juro que lo voy a destripar ─dijo Edd con una cólera en los ojos que brillaba como brasas candentes. 
─¿Y qué dicen los hechos? ─preguntó Lem─ ¿Eliawain casi muere por vosotros y aún estás con esto?
─Oye que aún estoy vivo ─dijo Eliawain con una mueca de enfado desdibujada en su rostro. 
«No sé...»
─Pues averígualo ─dijo Lem─. Porque si no te das prisa, Reshbak despertará a Thaus y dominará el mundo. 
«De acuerdo»dijo Zenne «Os llevaré al secreto del bosque, Lem el rubio.»
Lem se giró y miró a Eliawain. Sangraba por un par de decenas de heridas y la de la cabeza tenía mala pinta. 
─Eliawain, quiero que te quedes aquí ─afirmó─. Estás demasiado débil para venir. 
─Vale, Moi ─suspiró Eliawain─. Id vosotros tres y venced al maligno. 
─No seremos tres ─negó Lem─. Partonio se quedará contigo y te curará las heridas. 
─De acuerdo ─accedió el ermitaño. 
─Ahora, vamos ─dijo Lem al hada, que se colocó en su hombro, ya que bajo la lluvia no podía volar.
Edd y Lem empezaron a correr entre los helechos, campo a través y sin seguir ningún tipo de senda bajo las indicaciones de Zenne, mientras que Eliawain se sentaba en el suelo de las ruinas y Partonio empezaba a vendarle las heridas.

En otro sitio, una enorme roca despuntaba en el medio del claro del bosque. Allí el cesped era más bajo y no había tantos helechos y arbustos. Las raíces de los árboles circundantes, se agrupaban con nudos alrededor de la roca y los gruesos troncos de cuatro árboles se erguían majestuosos alrededor de la piedra. Vagamente, la estructura rocosa recordaba al lomo de un inmenso animal. 
─¿Es aquí? preguntó Reshbak al farol que portaba en la mano. 
«S-Sí, señor»respondió débilmente el hada. Dentro de aquel fanal a penas llegaba el aire y, poco a poco, la luz de la criatura se iba apagando a la vez que la llama de su vida se extinguía. 
Reshbak sonrió satisfecho y se acercó a la roca. La Luna empezaba a asomar entre las nubes y había parado de llover. Sin embargo, todo segía empapado y los charcos se agrupaban alrededor de la roca como si de un castillo y su foso se tratara. 
Reshbak acercó la mano a la roca y acarició su superfície rugosa. Sintió una gran satisfacción, pues llevaba mucho tiempo esperando aquel momento y era hora de llevar a cabo su plan y empezar la conquista del continente. Hacía mucho tiempo que había oído hablar del Secreto del Bosque pero todavía lo recordaba con total nitidez. Fue una noche de hinvierno, durante una de las cacerías de su padre que le habían contado aquella historia. Según esa versión, Thaus era un hombre sabio y clemente, que ordenó la guerra cuando las hadas atacaron a su pueblo. Pero aquellas criaturas eran de carácter maligno y lo hechizaron convirtiéndolo en un ser que se alimentaba de humanos. Sin embargo la leyenda decía que algún día llegaría el hombre que lo liberaría y, juntos, se convertirían en los señores de toda la tierra de Ferathunt. Desde entonces, Reshbak pensó que sería el elegido y se había convertido en un cazador de hadas. Cuando su padre descubrió el hada en su cuarto, trató de liberarla y Reshbak supo que debía impedirlo, así que agarró un cuchillo y lo clavó en la espalda de su padre. Recordaba como el hombre que lo había engendrado lo había mirado con asombro, con aquellos ojos que Reshbak había heredado, antes de caer muerto al suelo en un charco de sangre.
Reshbak se quitó esos pensamientos de la cabeza. Hacía mucho que había pasado aquello y no valía la pena recordar a su padre.  No recordaba ya donde había leído el método para despertar al monstruo. Sacó un frasco de savia de su macuto y se untó con ella la yema de los dedos. Los deslizó por la superfície rocosa y dibujo un símbolo que quedó de un color verde oscuro. Se secó los dedos con su camisa y sacó polvo de huesos humanos, el polvo de los huesos de su padre. Espolvoreó el símbolo y esperó. Pronto el símbolo empezó a brillar y después el polvo de hueso empezó a desaparecer lentamente. 
El líder de los forajidos observaba con fascinación el símbolo cuando Finthrod entró en el claro. Sus largos pasos lo dirigieron entre jadeos hasta el lugar donde Reshbak sonreía. 
─Señor ─dijo el tuerto apoyándose en sus própias piernas a causa del cansancio. Jadeó con fuerza y notó la mirada inquisitiva de Reshbak─. El elfo y sus hombres han tomado el campamento. 
Reshbak frunció el ceño y un punto de ira se insinuó en el fondo de sus pupilas. 
─Todos los hombres han caído incluídas las dos hermanas y Thendruid ─finalizó el hombre.
─No han caído todos ─respondió con dureza el líder de los bandidos─. Tú sigues con vida.
─Señor yo...
─No te atrevas a replicarme ─Reshbak tenía un semblante inflexible como el mármol. Con una velocidad asombrosa, desenvainó su espada y Finthrod notó el frío tacto del acero en su cuello─. Podría matarte ahora. Ya no me eres útil y cuando Thaus despierte, destruirá a todos mis enemigos. 
─Señor, por favor... ─las piernas de Finthrod le flaquearon y cayó de rodillas─. Soy vuestro servidor más leal... Por favor, no me matéis...

Lémoilas y Edd corrían por el bosque. 
«Ya estamos cerca, Lem el rubio» dijo Zenne dentro de sus cabezas. 
Lem saltó unos helechos y llegó a un claro del bosque. En el centro de dicho claro, una enorme roca se  imponía y sólo cuatro árboles se atrevían a perturbar el espacio a su alrededor. Al lado de la gigantesca estructura pétrea, Reshbak se erguía, sereno, y su espada acariciaba el cuello de Finthrod. Lémoilas se sorprendió al ver al enorme hombre sollozando por su vida, acobardado por la espada de su jefe. Entonces vio la runa mágica gravada en la roca, desapareciendo poco a poco. 
Detrás de el, apareció Edd, apartando las enormes hojas de un árbusto bajo. 
─Malditas telarañas, como incordían ─gruñó el enano.
En ese momento, los dos forajidos advirtieron la presencia de sus enemigos. Reshbak sonrió y apartó la espada del cuello de Finthrod. 
─Has venido justo a tiempo, elfo ─exclamó con voz alegre y abriendo los brazos, como para darle un abrazo. 
Sin embargo Lem no se movió y cerró con fuerza su mano sobre la empuñadura de su espada. La sonrisa del bandido se congeló en su rostro y frunció el ceño a la vez que su boca se contorsionaba en una mueca de ira. Cogió con toda la fuerza de su mano diestra, la empuñadura de su espada y, con la otra mano, agarró el escudo que llevaba en la espalda. Sus ojos reflejaban más que nunca su locura.



─Dentro de poco, Thaus despertará ─hizo Reshbak con voz seca─ y entonces no habrá poder sobre Dereband capaz de detenerme. 
─En ese caso, no permitiré que despiertes a la criatura ─Lémoilas apretó los labios y separó los pies, a la vez que agarraba con las dos manos su espada.
─Me temo que ya es tarde, elfo ─respondió Reshbak─. El proceso es ya irreversible y, cuando despierte, yo seré el único que evite que mate a toda la humanidad. 
─Lem, seguro que puedo hacer algo con esa runa ─dijo Edd con voz serena.
─Oh, te aseguro que no ─dijo el maligno, pues ya está borrándose y, cuando acabe de desaparecer, el gran monstruo despertará ─el bandido se volvió a su esbirro y le dijo─. Tú, basura. He cambiado de parecer respecto a ti. Si me traes la cabeza del enano te perdonaré. 
─Oh, gracias señor... ─hizo el tuerto mientras se secaba las lágrimas─. Muchas gracias...
─Edd... ─dijo Lémoilas con suavidad.
─Tranquilo Lem ─lo cortó el enano mientras se erguía y chasqueaba los huesos de sus manos─. No es nada que no pueda manejar.
Una sonrisa socarrona apareció en el rostro del enano que se acercó con pasos lentos al tuerto. Finthrod se levantó y empuñó el hacha con sus dos manos mientras soltaba un grito de guerra y saltaba sobre Édgamer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario