El orco y el elfo
Edd saltó por la barandilla de las escaleras y aterrizó sobre una mesa cercana a Erékbak. El orco descargó su espada, pero el enano saltó sobre el orco en un audaz movimiento. Entonces Edd se giró, usando el impulso que llevaba y descargó su puño sobre el orco, quien se hizo a un lado, esquivando el poderoso golpe.
La espada de Erékbak volvió a surcar el aire para buscar la carne de el enano, que paró el golpe con su brazalete de metal. Aprovechando la guardia baja del orco, Edd lanzó un puñetazo con toda su fuerrza, que casi golpeó al orco cuando lo esquivaba retrocediendo.
─Eres fuerte, enano ─gruñó el orco─. No me dejas otra opción...
Erékbak sacó un pequeño frasco de su cinturón. Un frasco que contenía un líquido negro. El orco lo destapó mordiendo la tapa y escupiéndola a un lado. Se llevó el frasco a los labios y se bebió todo el contenido. Después arrojó la espada y el frasco a un lado. Sonrió ferozmente y en ese momento empezó a cambiar. Sus músculos se ensancharon, sus huesos crecieron, su pelo cayó. La piel se tornó verdosa y sus ojos se reducieron en relación al cuerpo. La armadura se resquebrajó bajo el cuerpo del enorme orco y las botas se deshicieron, rotas por los pies del monstruo en que se convirtió. El ogro de más de cuatro metros de altura miró a Edd y rugió. La enorme sala retumbó el rugido.
***
Lémoilas se agachó, esquivando el corte de Kondoraz y lanzó una estocada que fue detenida por el escudo del orco. Con un rápido movimiento de cintura, Lem atacó a una de las piernas del tirano, que paró el golpe con su espada. Kondoraz trató de golpear con el escudo al elfo, que aprovechó para usarlo como plataforma y saltar por encima del orco. Kondoraz se giró justo a tiempo para detener el filo de la espada de Lem a apenas unos centímetros de su carne. Sin embargo, el rubio no dudó ni un instante y volvió a atacar al orco. Por abajo, estocada, corte y otra estocada. Kondoraz retrocedía, parando con su espada y escudo los ataques de Lémoilas. Sin embargo, era evidente que estaba siendo superado. Entonces saltó hacia atrás y lanzó su escudo a un lado. Cogió la espada con las dos manos y miró de frente a su enemigo. Lem agarró su espada con ambas manos y el pelo le cayó sobre la frente de nuevo.
***
Cristán esquivó el ataque del orco arrojándose al suelo, mientras le lanzaba uno de sus cuchillos al cuello. Ese orco murió en el acto pero otro orco apareció y Cristán rodó por el suelo, esquivando su cimitarra. Se levantó deprisa, pero aún no había levantado la segunda rodilla del suelo cuando vió detras de él una cimitarra volando hacia su cuello. El semiorco se echó hacia el lado por el que no iba la espada, esquivándola y arrojó uno de sus cuchillos a la cabeza del orco. Se levantó y miró a sus oponentes. Le quedaban ocho y lo habían rodeado. Eso era malo. Necesitaba espacio para poder matarlos.
El orco que tenía más cerca, movió su espada, buscando a carne de Cristán. Pero él fue más rápido y puso una bota sobre la hoja. Impulsandose sobre el arma, Cristán agarró la cabeza del orco y la echó hacia delante, pisó su cuello con la bota, rompiéndolo, y saltó hacia un tejado. Se agarró con una mano a una teja, situada a un par de metros del suelo y trepó con todas sus fuerzas. Los orcos lo miraron con odio y uno de ellos sacó un arco. El resto lo cubrieron con sus escudos. Sin embargo, los escudos de los orcos eran pequeños y sus defensas tenían muchas fallas de forma que, conforme Cristán arrojaba sus cuchillos, los orcos caían, uno tras otro hasta que sólo quedó el arquero.
***
Edd esquivó el enorme golpe que el ogro lanzaba, rompiendo una mesa. Un rayo impactó en la cadera del gigante que se volvió. Eliawain tenía las manos levantadas. Einara, que había bajado las escaleras, le arrojó una cuerda a Edd, quién la cogió sin saber que hacer. Einara se señaló las piernas y el enano entendió. Con rapidez, Edd empezó a enrollar la cuerda en las piernas de su oponente, mientras Eliawain lo distraía. Cuando el ogro intentó moverse, cayó y Edd aprovechó para atar la cuerda al cuerpo del monstruo.
─Lo logramos ─dijo Eliawain desde arriba de las escaleras.
El ogro rugió y tensó sus músculos. La cuerda se estiró y las fibras se rompieron. Con un rugido, el monstruo se liberó de la soga. Edd miró al ogro con horror mientras este se acababa de desatar.
La enorme criatura se levantó y barrió con su mano el suelo, golpeando a Edd y lanzándolo contra una mesa, que se desplazó hasta la pared y se rompió por el golpe.
─Maldición... ─gruñó Edd mientras se levantaba entre las astillas de madera. Una le había atravesado el costado. Maldijo en voz baja mientras se la arrancaba despacio.
El ogro rugió, enfadado y una zarpa se movió hacia Einara. La agarró con aquellas poderosas manos y Einara gritó. Sin embargo una bola de fuego impactó en el codo del monstruo y le obligó a soltarla. Eliawain seguía sobre las escaleras con las palmas de las manos apuntando al ogro. El inmenso orco golpeó con su puño a las escaleras, que se despedazaron justo después de que el mago saltase por la barandilla, estrellándose contra el suelo. El ogro rugió y dió una patada al hechicero, que se estrelló contra una pared en un sonido sordo.
Edd se levantó entre los escombros, con lentitud. A su lado estaba Eliawain. Había perdido el sombrero y tenía la capa desgarrada. Con una mano, se torcaba la sangre que le chorreaba por la comisura de sus labios. Su semblante era de odio.
─Pensaba que te asustaría un monstruo así de enorme ─dijo Edd asombrado.
─Y me aterra ─dijo Eliawain─. Pero un mago debe mostrar su coraje en los momentos más aterradores.
Edd sonrió y se colocó en posición de pelea, levantando los puños. Eliawain se colocó mostrando las palmas de sus manos a su enemigo.
El ogro rugió, enfadado y una zarpa se movió hacia Einara. La agarró con aquellas poderosas manos y Einara gritó. Sin embargo una bola de fuego impactó en el codo del monstruo y le obligó a soltarla. Eliawain seguía sobre las escaleras con las palmas de las manos apuntando al ogro. El inmenso orco golpeó con su puño a las escaleras, que se despedazaron justo después de que el mago saltase por la barandilla, estrellándose contra el suelo. El ogro rugió y dió una patada al hechicero, que se estrelló contra una pared en un sonido sordo.
Edd se levantó entre los escombros, con lentitud. A su lado estaba Eliawain. Había perdido el sombrero y tenía la capa desgarrada. Con una mano, se torcaba la sangre que le chorreaba por la comisura de sus labios. Su semblante era de odio.
─Pensaba que te asustaría un monstruo así de enorme ─dijo Edd asombrado.
─Y me aterra ─dijo Eliawain─. Pero un mago debe mostrar su coraje en los momentos más aterradores.
Edd sonrió y se colocó en posición de pelea, levantando los puños. Eliawain se colocó mostrando las palmas de sus manos a su enemigo.
***
Cristán esquivó la flecha echándose hacia atrás y lanzó tres de sus cuchillos mientras corría por el tejado para esconderse tras una pared. El orco se movió tras otro muro para protegerse. Cristán sabía que sólo tendría una oportunidad. Sacó dos de sus dagas y las puso frente a sus ojos. Suspiró y se movió, lanzándose contra el tejado. El arquero soltó su flecha y mientras caía, Cristán lanzó sus dos cuchillos. Pareció que el tiempo se detuvo mientras la flecha y los dos cuchillos volaban. El primer cuchillo impactó en la flecha, de forma que ambos cayeron inertes. El segundo alcanzó al orco en el cuello, matándolo. Cristán sonrió desde el tejado y dijo:
─Dos mejor que uno.
***
─Eli ─dijo Edd─ ¿puedes frenarlo durante unos instantes?
─Puedo intentarlo ─respondió el mago─. Pero será por poco tiempo, estoy agotado.
─Hazlo ahora ─dijo Edd mientras cerraba los ojos para relajarse.
─¡De acuerdo! ─dijo el mago con resolución.
Eliawain empezó a levitar, con sus manos desplegadas. Sus ojos empezaron a brillar con una luz blanca y unos peligrosos rayos aparecieron tras él. Edd se movió, apilando las mesas en una torre alta. Eliawain junto las manos apuntando al ogro y los rayos se dirigieron a él, que quedó inmóvil. Un rastro de sangre empezó a caer por la nariz de Eliawain, sometido por el intenso esfuerzo de frenar a una bestia tan inmensa. Edd se subió encima de las mesas y saltó hacia el ogro, que logró liberarse en el último instante.
Edd voló por la sala, rodeado de los rayos de Eliawain mientras gritaba:
─¡Este es el puño furioso de los enanos!
El ogro levantó una zarpa para protegerse. Sin embargo no fue suficientemente rápido y el puño de Edd se clavó en el centro del pecho del ogro, que cayó de espaldas, fulminado como un rayo. Edd jadeó.
─Ahora sí que lo logramos ─dijo entre jadeos.
***
[Se recomienda al lector escuchar la música mientras
se procede a la lectura]
Lem detuvo el golpe de Kondoraz con maestría y dió una patada al estómago de su enemigo. Con soberbia habilidad, atacó tres veces al orco, que detuvo los golpes mientras retrocedía. Entonces Kondoraz atacó pero Lémoilas detuvo todos los golpes sin dificultad alguna. El tirano se echó atrás y agarró la espada con una mano.
─Soy mejor que tú ─dijo.
Lem no respondió pero agarró con las dos manos su espada y la dejó caer en el suelo, a su lado, apoyando sólo la punta.
Los dos saltaron sobre el otro y aterrizaron donde había estado antes el anterior.
Pasaron unos segundos de incertidumbre hasta que Lem se levantó y envainó su espada.
─Lo siento pero ya has perdido ─dijo sin volverse─. Espero que no te duela demasiado ─entonces se volvió─, pero prometí que te derrotaría.
En ese momento, el orco puso los ojos en blanco y cayó hacia delante, un tajo le recorría el cuerpo desde la clavícula hasta la cadera.



No hay comentarios:
Publicar un comentario