Capítulo 13

La luz oscura



Cuando Edd vió la luz, todo a su alrededor se detuvo. Pareció que no existiera nada más que aquella luz. Sus pupilas se dilataron y se le erizaron los pelos de la nuca. Algo le advertía que aquella luz era una trampa, pero indefectiblemente, sus ojos se dirigían hacia aquella tienda, hacia aquella luz que se ocultaba en algún rincón en el interior de esas cuatro paredes de tela. Entonces avanzó un paso hacia la tienda y notó como la hierba se estremecía bajo su bota. Aquello no era normal y lo sabía, pero aún así, avanzó otro paso. Edd se rebeló y quiso retroceder y reunirse con Glaus, pero no pudo. Había algo dentro de esa cabeza suya que le forzaba a continuar avanzando hacia la luz. Y dió otro paso. 
Los ruegos de Glaus se confundían con el ambiente y a penas los escuchaba. Era como si alguien le hablase a través de una pared. El enano avanzó otra zancada y entonces supo que lo que lo llamaba era importante, y dejó de resistirse. Poco a poco, fue dejando la seguridad del bosque y se adentró más y más en el campamento enemigo. Sin embargo, ningún forajido le salió al encuentro, pues todos estaban o sofocando el fuego o custodiando a Partonio y ninguno se mantenía en su tienda. Lentamente, el enano se fue acercando a la tienda luminosa y a cada paso que daba, se daba cuenta que más difícil le resultaría escapar. Pero le daba igual. Porque sabía que debajo de aquella lona se escondía algo mucho más valioso que su propia vida. Y siguió avanzando.
La luz que iluminaba la tienda, parecía normal a primera vista y sin embargo no lo era. Era azulada y ténue, por lo cuál se podría interpretar como una luz provinente de una lámpara alquímica y sin embargo no lo era. Édgamer se acercó a la tienda con pasos lentos y suaves. Apartó la lona y entró. Esperaba ver dentro un objeto mágico, ya que sabía que este tipo de herramientas eligen a su portador y muchos héroes afirman que una luz les ilumina el camino para conseguirlas. Sin embargo, lo que vió fue algo de una magnificencia tal, que provocó en Edd un mareo tan fuerte que lo obligó a sentarse en el suelo. 
En el centro de la estancia había una mesa y sobre la mesa, un tarro de cristal yacía boca abajo. Apoyando las manos en el cristal, había un ser de aspecto apacible y grandes ojos sinceros, que lo miró a tan asombrado como Edd lo miraba a él. Era de color azulado y tapaba su piel con ojas de los árboles. Una piel que resplandecía con una ténue luz azul, muy similar a la luz que infundía la Luna llena. En su espalda se alojaban dos pares de alas, transparentes como las de las libélulas. Su pelo negro y largo cubría su cabeza y lo tenía recogido en una larga trenza. Miró con curiosidad a Edd con aquellos ojos que tan sólo tenían pupila. Su aspecto demacrado y melancólico daban a entender que llevaba bastante tiempo en aquel lugar.
«¿Qué eres?» preguntó entonces una voz en la cabeza de Edd«. He visto a muchos humanos y tu no eres uno de ellos»
─¿Quién ha hablado? ─dijo el enano en voz alta mirando a su alrededor.
«Aquí, sobre la mesa» dijo la voz, y Edd centró su atención sobre el ser que dentro del tarro se hallaba.
─¿Has sido tú? ─preguntó con cuidado el vinculador.
«En efecto» dijo la criatura.
─¿Cómo es posible que hables? ─se sorprendió Edd.
«No lo sé.» dijo la criatura «Nunca me había parado a pensarlo.»
─Oh...
«Pero sigo con curiosidad.» dijo el ser «¿Qué eres?»
─Soy Édgamer, un enano ─respondió el vinculador.
«Encantado, enano Édgamer.» dijo el ser «Mi nombre es Zenne y soy lo que los humanos llaman "hada".»
─¿Un hada? ─se quedó boquiabierto Edd─ Creía que eso sólo eran tonterías humanas.
«Sí, bueno, ese nombre no es nuestro.»Zenne parecía molesto «Nosotros somos hijos de la Luna. De ella venimos y hacia ella iremos cuando las estrellas se apaguen y nosotros seremos los nuevos astros que adornaran el cielo hasta el fin de nuestros días.»
─Ahórrate tu palabrería de mojigato ─dijo Edd examinando la tienda─. Yo no creo en nada.
«Oh, ya veo, tú crees en la nada, que todo lo devora» dijo Zenne con respeto.
─¿Qué? ─exclamó Edd volviendo la mirada a la hada─. No, yo no creo en ninguna cosa.
«¿Cómo no vas a creer en ninguna cosa?»exclamó Zenne, horrorizado «¡En algo habrás de creer! Sinó ¿cómo explicas la existencia de la Luna y el Sol o las estaciones, o la vida misma?»
─Simplemente no pienso en eso ─afirmó el enano
«Me niego a creerlo.» lo contrarió Zenne «La Luna fue quién nos engendró a todos.»
─Sigue pensando eso pardillo ─murmuró Edd para sí─. ¿Cómo llegaste aquí?
«Pues verás» dijo el hada «estaba cogiendo el néctar de las flores, cuando un hombre me agarró y me llevo aquí. Me encerró en este frasco y me torturó de formas horribles para que le contase el secreto del bosque.»
─¿Y se lo dijiste? ─dijo Edd mirando fuera de la tienda.
«Por supuesto que no» dijo Zenne «Si se lo dijese, el mundo se convertiría en su reino.»
Edd miró al hada y Zenne miró al enano. 
«Sácame de aquí»
─Eso iba a hacer. 
Edd se acercó a la mesa y levantó el tarro, dejando escapar al hada, que revoloteó por el aire e hizo dos piruetas. Después se paró sobre la mesa. 
─Debemos marcharnos ─dijo Edd. 
─Lamento importunar ─dijo una voz tras el enano─ pero creo que no será tan fácil.
La sangre de Edd se congeló e intentó moverse hacia atrás, para golpear al intruso, pero aquél era más rápido y agarró del cuello al enano mientras una punta de cuchillo presionaba entre las costillas del enano. 
─Ni un paso, enano ─dijo el desconocido─, o lo último que verás será la luz de ese bicho.

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